Occidente erró el tiro con Rusia y el foro lo disecciona
La tesis de un participante es rotunda: la jugada occidental con Rusia ha sido «demasiado ambiciosa». El planteamiento inicial sostiene que funcionó o pudo funcionar en Iraq, Libia o Siria, pero que con Rusia ha sido «una cagada tremenda». El resultado, según este análisis, es un país «más unido que nunca», unas fuerzas armadas «muy superiores en capacidad de combate a cualquier ejército que pueda plantear la OTAN» y una economía «fortalecida y propia». Mientras, en Europa, el aceite de oliva a 10 euros y la locomotora alemana «petada». El mensaje no admite discusión: «no es opinable ni discutible, son hechos».
El punto de partida: la operación que salió mal
El diagnóstico inicial no deja margen: se arrastró a Rusia a la guerra, se activaron sanciones, golpe económico y moral, y se esperaba un efecto dominó de descontento, estudiantes y revolución de colores. El pack completo. En lugar de eso, el país se ha cohesionado, las fuerzas armadas se han reforzado y la influencia internacional se ha ampliado, con los BRICS como escaparate. El contraste con Europa es el argumento más repetido: precios disparados y una economía alemana que ya no tira.
Pero la respuesta no tarda en matizar. Hay quien sostiene que el gobierno ruso declaró esta guerra como existencial mientras la OTAN la trata como conflicto proxy. Uno pone toda la carne en el asador; el otro, no. Esa asimetría explicaría por qué Rusia ha aguantado, pero también por qué no está donde quería estar.
¿Está Rusia donde quería o donde le han dejado?
La contraargumentación más sólida llega con una idea incómoda para el relato triunfalista: Rusia está exactamente en el punto que Estados Unidos quiere que esté, y no donde realmente querría. La invasión se explica por la percepción del estado surgido del golpe de 2014 como hostil, pero eso no equivale a éxito estratégico. Rusia lleva desde 2000 queriendo sentarse en la mesa del capitalismo global en paridad con París, Londres o Nueva York, y lo que se le ha ofrecido es la mesa de Buenos Aires, Río o Jakarta.
El desarrollo económico ruso también se cuestiona: vender materias primas sin procesar, ser potencia agrícola y no ser competitivo en industria a secas, con una industria militar que vivía de la propaganda y una «absoluta inexistencia» en alta tecnología, informática, telecomunicaciones y electrónica. Ese es el flanco débil que el triunfalismo ignora.
El coste humano y la cronología de la guerra
La conversación deriva hacia las cifras. Se habla de «cientos de miles de bajas rusas», de 500.000 ucranianos muertos en combate, un millón largo de heridos graves y diez millones de refugiados que vagan por Europa. La ayuda a Ucrania es a crédito y, en última instancia, se pagará con las divisas embargadas a Rusia. El argumento occidental: se desgasta a Rusia sin poner una sola vida occidental.
La evolución militar también se reconstruye. Rusia estuvo en modo off durante 2022 por falta de preparación para una guerra total. Tras la ofensiva ucraniana en Járkov y la retirada de Jersón, construyó la línea Surovikin, que dio buenos resultados. La operación inicial sobre Crimea 2.0 se atribuye a un error de Putin. Movilizar recursos para un frente de 1.000 kilómetros contra un enemigo con 800.000 tropas ha llevado más de año y medio.
Europa, la gran perjudicada
El foco se desplaza a Europa. Se argumenta que los anglosajones procuran que el daño de sus errores lo paguen otros, y que los europeos serán los últimos en caer. Se cita a Putin: si los anglos les dicen a los europeos que se ahorquen, estos bajarán la cabeza y preguntarán si al menos pueden hacerlo con una cuerda de elaboración propia. La industria europea, golpeada por el fin del gas barato, aparece como daño colateral: no se voló el Nord Stream por casualidad.
El siguiente paso, según algunos análisis, es usar carne europea cuando no queden ucranianos. Primero tropas europeas, después soldados de leva. La OTAN tendría 11 divisiones y 450.000 efectivos; mover tropas a gran escala a Europa las expondría en medio del Atlántico.
Lo que el análisis deja abierto
El punto donde todo se atasca es el mismo del principio: si Rusia ha ganado o simplemente ha sobrevivido. Unos ven un país más fuerte, con BRICS y ejército reforzado. Otros ven una economía de materias primas sin alta tecnología, atrapada en el punto que Washington quería. Y Europa, mientras, con el aceite a 10 euros y la locomotora alemana gripada. Nadie cierra la cuenta.