Níger, el uranio y la factura eléctrica que Europa no quiere mirar
Níger ha dejado de ser un asunto remoto. El golpe de Estado que depuso a Mohamed Bazoum ha metido al país en el centro de un pulso energético que afecta a Francia, a Europa y, de refilón, a España. La CEDEAO lanzó un ultimátum de una semana para reponer al presidente y amenazó con una intervención militar. Nadie lo ha repuesto. El plazo, eso sí, se ha ido estirando hasta convertirse en un ultimátum
de verdad de la buena.
Lo que sí se daba casi por cierto es que los contratos vigentes de
uranio nigerino para Europa se han acabado. No es un mineral cualquiera: es una de las piezas que sostiene el parque nuclear francés y, con él, el precio de la luz al otro lado de los Pirineos.
El uranio que enciende una de cada tres bombillas francesas
La dependencia viene de lejos. Según el cálculo que circulaba, una de cada tres bombillas que encienden los franceses con energía nuclear usa uranio nigerino, aunque ese porcentaje ha bajado algo respecto a los datos de 2021. Dos minas en medio del desierto, Somair y Cominak, explotadas por Areva, sumaban los
dos tercios de la producción mundial del grupo. De esos yacimientos se alimentaba, a la postre, una tercera parte de los
58 reactores nucleares franceses, que producen el 75% de la electricidad del país.
Blindar ese activo no es una hipótesis de laboratorio. En 2013, mientras la aviación francesa bombardeaba posiciones islamistas en el norte de Mali, un despliegue de fuerzas especiales galas fue enviado al vecino Níger con un objetivo confirmado por el propio presidente nigerino de entonces: proteger una de las mayores minas de uranio del país. Níger comparte con Mali una frontera de 840 kilómetros y ocupa el quinto puesto mundial como productor.
¿De dónde saca España el uranio de sus nucleares?
La nuclear cubre en torno al 20% de la generación eléctrica española y el combustible no sale de ninguna mina propia. Según datos de Enusa de 2021, España importa un
34,4% de Kazajistán, un 29,1% de Rusia, un 14,6% de Uzbekistán, un 12,6% de Canadá y un 9,3% de Níger. Traducido: la mayor parte de las toneladas llegan de países que no forman parte del club occidental.
Hay quien mira ese reparto y ve una contradicción
difícil de vender: la misma Europa que ha cerrado el grifo del gas ruso sigue comprando uranio a Moscú y a su esfera de influencia. De ahí que la pregunta ya no sea solo cuánto mineral nigerino se pierde, sino quién ocuparía el hueco. Se señala a Estados Unidos, que produce uranio propio y que en su día llegó a ceder derechos de minado a intereses rusos.
El pulso militar: ultimátum de la CEDEAO y frenazo del Senado nigeriano
La respuesta regional se ha ido endureciendo y descosiendo a partes iguales. La CEDEAO cerró su reunión de jefes de Estado Mayor en Abuja asegurando que se habían desarrollado «los elementos de una posible intervención, incluidos los recursos necesarios, pero también la forma y el momento en que desplegaremos la fuerza». El secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, elogió el liderazgo de los dirigentes de África Occidental, y el ministro de Exteriores francés afirmó que París y Washington están comprometidos con la «restauración de la democracia» en Níger.
Pero la fuerza no está
nada clara. El
Senado de Nigeria rechazó la intervención militar bajo mandato de la CEDEAO. Chad anunció que no intervendrá. Senegal, en cambio, dijo que enviará tropas si la comunidad interviene. Rusia, por su parte, pedía diálogo mientras se especulaba con la llegada de un equipo de Wagner desde Bamako.
Oro, franco CFA y un oleoducto de 2.000 kilómetros
El uranio no es la única pieza en juego. China tenía previsto completar este año el oleoducto Níger-Benin, de casi
2.000 kilómetros, que sería el mayor de África y una fuente vital de ingresos para ambos gobiernos. Nigeria, especialmente beligerante con la junta, vería con buenos ojos que el trazado pasara por su territorio para cobrar peajes.
A eso se suma el dinero. Circulan versiones, sin fuente fiable, sobre el cierre del grifo del oro nigerino, en un contexto en el que las reservas de oro de los estados africanos deben mantenerse en París y Francia conserva derechos sobre la emisión de la moneda de África occidental. El franco CFA ha sido criticado por hacer «casi imposible» la planificación económica de la región.
Quién gana con el terremoto del Sahel
Burkina Faso, Mali y Níger han escenificado un frente común: cualquier intervención occidental se considerará un ataque contra los tres. En ese marco se lee el golpe como un movimiento antioccidental, con Moscú y Pekín como beneficiarios indirectos. Una lectura más incómoda sostiene que el descontento no nace de la
geopolítica, sino del expolio de recursos y de una tutela monetaria que dura décadas.
Nadie sabe qué pasará en Níger los próximos días. Lo que sí puede afirmarse es que el tablero energético europeo acaba de recibir una sacudida difícil de disimular. Si la intervención se materializa, el destino del uranio será lo de menos. Y si no llega, la pregunta seguirá intacta, solo con más tiempo para responderla: cuánto tardará Europa en encontrar otro proveedor dispuesto a venderle la energía que se le ha vuelto incómoda.