Pánico en el bitcoin: la caída libre siembra la desesperación entre inversores apalancados
El bitcoin se precipitaba este lunes hacia los 3.000 dólares, un nivel que muchos daban por perdido, desatando el pánico entre quienes habían apostado su patrimonio y su crédito al activo digital. La caída, que superaba el 90% desde máximos históricos, empezaba a cobrarse víctimas colaterales: inversores que, según fuentes del mercado, habrían llegado al extremo de atentar contra su vida ante la imposibilidad de asumir las deudas contraídas.
El desplome no respetaba a nadie. Hasta Michael Saylor, el gurú de MicroStrategy que predicó la compra masiva de bitcoin, estaba vendiendo, según rumores que corrían como la pólvora en los canales de trading. La noticia, aunque no confirmada, aceleró las ventas: si el mayor defensor liquidaba, ¿qué esperanza quedaba? Los argumentos sobre bitcoin como “reserva de valor ajena al fiat” sonaban a hueso vacío mientras el precio perforaba soportes clave.
Las posturas se polarizaban. Un sector veía confirmado el esquema Ponzi que muchos denunciaban: “Cuando cae, cae del todo”, repetían. Otros, los eternos holders, clamaban aguantar pérdidas del 25% con la fe de que resurgiría. Pero el número de conversiones al bando vendedor crecía. “Ya he vendido todo”, admitía un usuario que hasta entonces defendía el hodl. Y el oro, ese viejo refugio, se disparaba un 15% en el mismo periodo, generando una narrativa de que algo sistémico se cocía.
El argumento del casino frente a la cobertura oficial
La paradoja era que, mientras el pánico arrasaba en las carteras minoristas, algunos apuntaban que los bancos centrales estarían preparándose para comprar bitcoin a precios de saldo. Una teoría clásica de la escuela austriaca, según sus defensores, que veían en la corrección una oportunidad para que los estados acumularan reservas digitales. Pero esa supuesta cobertura oficial no frenaba la sangría.
El perfil del damnificado era el del inversor apalancado que pidió créditos para comprar la “monedita de Nakamoto”. Muchos de ellos, sin plan de contingencia, se enfrentaban ahora a una deuda impagable. La Fiscalía ya investigaba si la ola de desesperación había desencadenado suicidios, aunque las cifras oficiales no se habían hecho públicas. Lo cierto es que los foros financieros hervían de mensajes de angustia mezclados con humor negro y sarcasmo.
La pregunta que nadie respondía era si el bitcoin tocaría cero o si, como en ciclos anteriores, rebotaría desde el abismo. Pero cada vez sonaba más lejana aquella profecía de los 100.000 dólares. El mercado de criptomonedas, que llegó a capitalizar más de tres billones, se reducía a cenizas mientras los inversores minoristas pagaban el pato de la fiesta. Con los tipos de interés al alza y la liquidez retirándose, la volatilidad extrema recordaba que, en este casino, la banca siempre gana.