La otra invasión: mientras la OTAN mira a Ucrania, España recibe una oleada migratoria sin precedentes
La invasión de Ucrania acapara todos los focos mediáticos, pero en el extremo sur de Europa se está produciendo un fenómeno que muchos se resisten a calificar como tal: una llegada masiva y constante de inmigrantes irregulares por vía marítima. Los datos de 2021 son escalofriantes: según las cifras que manejan los analistas, en 2019 entraron en España un millón de personas de forma oficial, y en 2020, con las fronteras teóricamente cerradas por la pandemia, la cifra fue de 600.000. Las previsiones para 2021 apuntaban a un nuevo récord, alimentado por la presión de Marruecos y Argelia.
No se trata de menospreciar la tragedia ucraniana, sino de constatar un desequilibrio informativo que tiene consecuencias estratégicas. Mientras el Gobierno envía una fragata a la OTAN para "presionar a Rusia", los servicios de inteligencia alertan de que Argelia prepara una avalancha de 10.000 inmigrantes ilegales hacia las costas de Almería, Murcia, Alicante y Baleares. La pregunta que flota en el ambiente es: ¿por qué se exigen visados y vacunas a unos y no a otros?
Las cifras de una invasión silenciosa
El archipiélago canario ha sido el principal punto de entrada. En 2021, las llegadas de pateras se dispararon, superando con creces los registros de años anteriores. La saturación de los recursos de acogida es tal que ya se han destinado 600.000 euros para albergues públicos gratuitos, mientras colectivos como los menores extranjeros no acompañados (menas) desbordan los sistemas de protección. Un informe del CNI advertía de que Argelia, imitando a Marruecos, estaba utilizando la inmigración como herramienta de presión geopolítica: lanchas cada vez más potentes que ni siquiera pueden ser interceptadas.
El factor geopolítico: Marruecos y Argelia como actores
Detrás de las pateras hay una estrategia. Tanto Marruecos como Argelia han utilizado la inmigración ilegal como arma de presión diplomática. En el caso de Marruecos, la alianza con Estados Unidos se ha reforzado, y se baraja incluso la transferencia de las bases militares de Rota y Morón a cambio de un mayor control migratorio. La OTAN, por su parte, ya considera en su nueva estrategia de defensa que el uso agresivo de la inmigración puede equipararse a una invasión armada. El manual aprobado en la cumbre de junio de 2022 en Madrid califica estas amenazas híbridas como ataque al territorio aliado.
¿Invasión consentida?
Algunos analistas sostienen que no se trata de una invasión, sino de una invitación: las políticas de acogida y la falta de convenios de repatriación efectivos crean un efecto llamada. Otros van más allá y hablan de una quinta columna que espera el momento de actuar, con armas ya en posesión. Lo cierto es que la sensación de descontrol se extiende: más de 70 inmigrantes ilegales llegaron a España desde Argelia en apenas 24 horas, y las escenas de violencia en las costas se repiten.
El debate está servido. Mientras el foco mediático sigue puesto en el este de Europa, el flanco sur acumula una presión que, según los datos, no hace más que crecer. Si la tendencia continúa, el punto de no retorno podría estar más cerca de lo que los gobiernos están dispuestos a admitir. Pero mientras Ucrania siga copando titulares, la invasión silenciosa seguirá siendo la gran ausente de la conversación pública.