Ocho años después: el reparto en España ya no es la mina de oro para los inmigrantes
Omar, venezolano instalado en el sur de Madrid, recuerda que hace ocho años se ganaba muchísimo más como repartidor de Glovo. Hoy, dice, el sector está colapsado: la llegada masiva de inmigrantes ha saturado el reparto y los ingresos se han hundido. Su relato, difundido a través de La Blue Kombi, se ha convertido en un termómetro de lo que ocurre en el mercado laboral español de las plataformas digitales.
La historia de Omar no es un caso aislado. El delivery fue durante años la vía rápida para los recién llegados: sin papeles ni experiencia, cualquiera podía ganar dinero sobre una bicicleta. Esa etapa ha terminado. La acumulación de trabajadores en el mismo sector ha provocado que las tarifas por pedido se desplomen y que conseguir un turno sea una batalla diaria. Mientras tanto, los alquileres no han dejado de subir, lo que aprieta aún más la ecuación de quien emigró buscando estabilidad.
Hay quien sostiene que la inmigración tira los salarios a la baja y encarece la vivienda. Se señala que los recién llegados están dispuestos a aceptar condiciones peores, y que la competencia entre ellos mismos acaba perjudicando a todos. Del otro lado, se responde que el problema no está en las personas migrantes, sino en la regulación de las plataformas y en un mercado de vivienda sin control. La realidad, como suele ocurrir, es más incómoda: ambos factores se combinan.
La recomendación de Omar para quien piense emigrar ahora es clara: ahorrar tres o cuatro meses de gastos antes de dar el salto. La pregunta que queda sobre la mesa es si el modelo de reparto puede sostenerse así, con una oferta de trabajadores que sigue creciendo y unos ingresos que ya no cubren ni el alquiler. El tiempo dirá si la saturación del delivery es solo un ajuste temporal o el reflejo de un mercado laboral que ha encontrado su nuevo equilibrio a la baja.