Seis pintores, seis Getsemanís: el arte de la agonía sin edulcorar
La Oración en el Huerto de Getsemaní es una de las escenas más representadas del arte sacro, pero no todas las versiones se andan con contemplaciones. Un repaso por seis obras maestras que van del realismo descarnado al tenebrismo precoz, pasando por el arrepentimiento de un Botticelli que quemó sus propios lienzos.
De Bellini a Mantegna: dos cuñados, una misma noche
Giovanni Bellini pintó su versión en 1459 para la National Gallery de Londres: un angelito transparente, apóstoles dormidos en primer plano y, al fondo, Judas con los soldados. Su cuñado Andrea Mantegna, un año antes (1456), ya había ofrecido una visión más áspera: Jesús vestido de negro, ángeles portando cruz y pilar, y un pájaro negro en la copa de un árbol. Donde Bellini edulcora, Mantegna afila el cuchillo.
Botticelli y el fuego de Savonarola
La versión de Sandro Botticelli de 1498, conservada en la Capilla Real de Granada, se inscribe en su etapa de fervor religioso tras la influencia de Girolamo Savonarola. El artista llegó a quemar sus propias obras mitológicas, y ese arrepentimiento se trasluce en un Cristo más filósofo que mártir. Todo lo contrario a Fra Angélico, cuyo fresco de 1437 en San Marcos (Florencia) parece un anuncio de yogures: ordenado, limpio, sin crudeza.
Correggio y el manierismo pasteloso
Correggio (1525) optó por un estilo blando y decorativo, con un angelote que parece cupido. La obra está en Apsley House, Londres, antiguo botín del duque de Wellington. La crítica más dura la considera «guano para salones de té».
Tiziano: el perro que se adelantó a Caravaggio
La pieza más impactante es la de Tiziano (1558-1562), en el Museo del Prado. Una escena nocturna y tenebrista donde la luz rasga el cielo, los soldados portan lanzas y linternas, y un perro olfatea el terreno. Ese detalle canino, ausente en las demás versiones, humaniza la escena y la acerca más a la tensión real de la detención. Tiziano se adelantó un siglo al claroscuro de Caravaggio.
Con estos seis lienzos, la agonía de Cristo se convierte en una galería de estilos que va de la devoción almibarada al realismo sucio. Cada pintor dejó su propia huella: la pregunta es cuál golpea más fuerte.