Ortega Smith lanza una botella vacía en el Pleno y se niega a dejar el acta
El último Pleno del año en el Ayuntamiento de Madrid terminó con una escena que no se veía desde hacía meses: un concejal de Vox, Javier Ortega Smith, lanzando una botella de agua vacía al escaño del segundo portavoz de Más Madrid, Eduardo Rubiño. Ocurrió al anochecer del 22 de diciembre de 2023, cuando Ortega Smith abandonaba la tribuna tras defender una moción sobre Pamplona. A partir de ahí, dos relatos incompatibles: Más Madrid y el PSOE hablan de agresión física; Vox y buena parte del público que ha visto el vídeo hablan de un aspaviento mal medido. Lo único que nadie discute es que la botella acabó en el suelo y que el protagonista no piensa moverse de su sillón.
Los hechos: qué pasó y qué se ve en el vídeo
La secuencia, según las crónicas del incidente, es esta: Ortega Smith termina su intervención, baja de la tribuna, se dirige al escaño de Rubiño —sentado en primera fila junto a Rita Maestre—, intercambia unas palabras y lanza la botella. Él mismo lo reconoció después: «no debería haberle tirado la botella, que, por cierto, estaba vacía». La frase es un reconocimiento y una coartada en la misma respiración.
El vídeo, difundido por varios medios y replicado en redes, muestra el gesto desde varios ángulos. Hay quien sostiene que la botella simplemente se vuelca al rozarla con los papeles que Ortega Smith agitaba; hay quien ve un lanzamiento deliberado. La discrepancia no es menor: de ella depende que estemos ante una agresión o ante una gesticulación desafortunada. Lo que sí está documentado es que la botella era de plástico y estaba vacía, un detalle que Ortega Smith repitió como si fuera un atenuante y que sus críticos leyeron como una excusa.
La reacción de Más Madrid y del PSOE: petición de dimisión
Rita Maestre, líder de Más Madrid, calificó lo ocurrido como «una agresión física» y pidió la dimisión inmediata de Ortega Smith. También exigió la del presidente del Pleno, Borja Fanjul, por haberle dado la palabra y no haberle expulsado. «Las amenazas no nos van a amedrentar», añadió. Reyes Maroto, portavoz del PSOE, se sumó a la petición y reclamó a Vox que aplique el mismo criterio que se aplicó con el socialista Daniel Viondi, que dimitió de sus cargos orgánicos tras tocar la cara del alcalde en un Pleno anterior.
El argumento de fondo es la simetría: si Viondi tuvo que irse, Ortega Smith también. La diferencia que esgrimen desde Vox es que allí hubo contacto físico y aquí una botella vacía. La política madrileña lleva meses convertida en un intercambio de agravios donde cada incidente se mide con la vara del anterior.
Almeida pide el acta y Ortega Smith se aferra a ella
El alcalde, José Luis Martínez-Almeida, condenó el acto como «injustificable» y pidió a Ortega Smith que no mantenga su acta de concejal. «Es un día triste», dijo, y equiparó lo ocurrido con el episodio de Viondi. La petición tiene un recorrido limitado: el acta es personal y nadie puede arrebatársela por decreto.
Ortega Smith respondió con una mezcla de victimismo y desafío: «Ni voy a dejar mi acta de concejal ni voy a dejar de denunciar a esa izquierda echada al monte». Añadió que la botella «se ha caído y no le ha caído ni siquiera a él», y deseó al agredido que «se recupere de sus profundas lesiones». El sarcasmo final resume el tono del intercambio: nadie se toma en serio la gravedad del asunto, pero todos exigen consecuencias.
El vídeo como campo de batalla: ¿agresión o aspaviento?
Buena parte de la discusión pública se ha centrado en la interpretación de las imágenes. Hay quien sostiene que Ortega Smith no lanza la botella, sino que la vuelca al gesticular con los papeles; otros ven un ademán deliberado. La propia Maestre habló de que le empujó los papeles y le lanzó la botella, lo que sugiere un contacto previo.
La ausencia de una grabación concluyente —o la abundancia de lecturas contradictorias— ha convertido el episodio en un test de credibilidad. Cada bando ve lo que quiere ver. Y en medio, un detalle que nadie discute: la botella estaba vacía, pesaba poco y no causó daño físico. Eso no impide que el gesto sea feo, pero relativiza la etiqueta de «agresión».
El contexto: un Pleno que ya venía caliente
El incidente no surge de la nada. Ortega Smith había defendido una moción de su partido para rechazar una moción de censura en el Consistorio de Pamplona y entregar la Alcaldía a Bildu. En ese contexto, según su versión, recibió un insulto al pasar junto a los portavoces de Más Madrid. «Cuando se hace en el contexto de un insulto a las víctimas, es inaceptable», dijo. Es decir, el lanzamiento de la botella sería una reacción a una provocación previa.
Esa secuencia —insulto, reacción, escándalo— es la que Vox quiere instalar. La izquierda, en cambio, pone el foco en la violencia del gesto y en la impunidad con que se produce. El resultado es un nuevo capítulo de la tensión política en clave nacional, con el Ayuntamiento de Madrid como escenario recurrente.
Qué puede pasar ahora
A la fecha de esta discusión, Ortega Smith mantiene su acta y no parece dispuesto a renunciar. Más Madrid y el PSOE han pedido su reprobación y la del presidente del Pleno, pero no hay mayoría para forzar su salida. Vox, por su parte, no ha anunciado medidas contra él. El asunto quedará probablemente en el terreno simbólico: una condena política sin consecuencias prácticas.
La predicción, con reservas: si no hay una sanción interna en Vox, el episodio se diluirá como tantos otros. La política madrileña ha normalizado el exabrupto como herramienta de confrontación. Y mientras nadie pague un precio real, la próxima botella —vacía o no— encontrará su sitio en el siguiente Pleno.