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Trampas caseras contra la procesionaria que ya no teme al frío
Un propietario de Cataluña baja al jardín y se encuentra los pinos cargados de bolsas de procesionaria, alguna grandecita. Llevaba días sin mirarlos. El año anterior no vio ni una, y sospecha el motivo: la falta de lluvia les viene bien. Sus pinos son «muy altos», más que su casa de dos plantas, y tres tramos de andamio se quedan muy lejos de la copa. Tiene críos y perros. Con ese cuadro, fumigar deja de ser una opción y empieza el ingenio.
La oruga procesionaria (Thaumetopoea pityocampa) pasa el invierno refugiada en bolsas de seda en la copa del pino. Cuando llega el calor baja en fila india para enterrarse y completar su metamorfosis. Ese descenso es la ventana más citada para golpear la plaga sin arrasar con lo demás.
¿Cuándo baja la procesionaria y por dónde se la puede parar?
Conviene desmontar un malentendido: la procesionaria rara vez sube al árbol. Nace ya en la copa, donde la polilla madre pone los huevos, y se alimenta allí hasta que decide bajar. Llega volando. Por eso las barreras que se colocan alrededor del tronco no evitan la plaga: solo interceptan a las que bajan. El invierno lo pasan agrupadas dentro del bolsón, protegidas del frío, y con las primeras temperaturas altas la columna se pone en marcha.
¿Por qué no basta con fumigar?
Por la altura, primero: un pino que supera una casa de dos plantas deja fuera de alcance cualquier equipo de mochila. Por el entorno, después. Con niños y perros en la parcela, nadie con dos dedos de frente se pone a esparcir insecticida. Y por el efecto colateral, según se sostiene en el hilo: el imidacloprid, el principio activo más habitual, habría arrasado a los depredadores naturales de la oruga. Escarabajos como el carabus auratus o las cicindelas, que se las comían enteras, cada vez se ven menos. Los carboneros y herrerillos que también daban cuenta de ellas, igual. Quienes critican las fumigaciones públicas en el hilo señalan además que, cuando llegan, tampoco son selectivas: afectan a pájaros y a personas.
El embudo que convierte el tronco en un callejón sin salida
La vía más citada es una barrera física montada en el tronco: un anillo o embudo con bolsa donde las orugas acaban cayendo al bajar. Unas entran en la bolsa y otras se quedan dando vueltas en el embudo. Los resultados que se comparten, medidos en número de nidos por pino, son estos:
Primer año: unos 6 nidos por pino
Segundo año: 2
Tercer año: prácticamente ninguno
Hay un detalle que decide si la trampa funciona o se queda en adorno: los pájaros. Carboneros y herrerillos quieren comerse las orugas y romperán la bolsa si hace falta, así que hay que revisar el montaje toda la primavera. Otra advertencia práctica: conviene que la bolsa sea grande. Y quien manipule las capturas, guantes y manga larga, porque los pelos urticantes de las orugas pican a rabiar y se desprenden con facilidad.
Balines con insecticida, fuego y otras armas del arsenal casero
El método tradicional es romper las bolsas para que en invierno entre la helada y las mate; se hacía a perdigonazos con una carabina del 4,5 mm por ir más rápido, y el frío remataba la faena. El problema es que este año, según cuenta el propietario, el frío ya no aprieta cuando toca. De ahí el interés por los balines cargados con insecticida que se venden en plataformas de segunda mano: no hay constancia de que funcionen.
En el capítulo expeditivo, hay quien propone palo largo, lata atada, tijera telescópica para cortar ramas y gasolina para quemarlo todo después. También se mencionan las esporas de un hongo del género cordyceps que parasita a la oruga, aunque solo actúa en fase larvaria, cuando ya ha bajado a enterrarse. Y aparecen casos de paciencia larga: alcohol de quemar, mascarilla y varios años de trabajo hasta dejar un pino limpio durante cuatro o cinco temporadas.
Los depredadores que faltan y la tentación de rendirse
El fondo del asunto no es la trampa, es el desequilibrio. Sin escarabajos ni aves insectívoras, la presión sobre la plaga recae en el propietario. Una parte sostiene que pelearse con la procesionaria es como pelearse con las garrapatas, que no hay ejército mejor que el que todo lo abarca, y que lo sensato es retirarse con dignidad y convivir con ella. Enfrente, el argumento de quien ya la ha ganado en su parcela: no fue de golpe, pero se puede.
Lo que descoloca no es la que baja en columna, sino la que se escapa sola. Rota la doble bolsa de una trampa, unas cuantas lograron pasar, nadie las vio y a estas horas ya están enterradas. Sin fila ni compañía, esas orugas parecen desorientadas, incluso vuelven a subir. La próxima generación ya está bajo tierra y nadie sabe cuántas son.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«El método tradicional es romper las bolsas para que en invierno les entre la helada y casquen. Se hacía con un disparo de perdigones por ir más rápido, pero se puede hacer de otras maneras.»
— Minsky Moment · Método tradicional contra la plaga
«El primer año que puse eso tenía unos 6 nidos por pino, el segundo 2, y el tercero ya prácticamente nada.»
— Alarkos · Resultados de la trampa embudo
«Llegamos al razonamiento que luchar contra la procesionaria era como luchar contra las garrapatas o las moscas»
— Triptolemo · Rendición ante la plaga
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Trampas y barreras físicas, no fumigar40%
Fuego y método expeditivo25%
Resignación: convivir con la plaga20%
Fumigación selectiva e inyección15%
📌 DATOS
Un propietario suma tres tramos de andamio y no alcanza la copa de unos pinos más altos que una casa de dos plantas
Una trampa de embudo registró unos 6 nidos por pino el primer año, 2 el segundo y prácticamente ninguno el tercero
El método tradicional se ejecutaba con una carabina del calibre 4,5 mm para romper las bolsas y dejar que la helada matara las orugas
La publicación sobre prevención de la procesionaria está fechada el 11 de octubre de 2021
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿Qué pasa si un perro lame o huele una procesionaria?
En el hilo se advierte de que los pelos urticantes se le quedan en el hocico y, al lamerse, pasan a la lengua, la boca y el tracto digestivo, con riesgo grave para el animal. Ante cualquier contacto, lo prudente es acudir al veterinario y no esperar a ver cómo evoluciona.
📅 EVOLUCIÓN
InviernoLas orugas se agrupan dentro de las bolsas de seda de la copa y aparecen en pinos que el año anterior estaban limpios
Fin del inviernoSe rompen las bolsas para que la helada mate a las orugas, el método tradicional a base de perdigones
Llegada del calorEmpiezan los descensos en procesión hacia el suelo para enterrarse y completar la metamorfosis
PrimaveraSe instalan trampas de embudo con bolsa en los troncos y se revisan cada semana porque los pájaros las rompen
Tras la primera temporada de trampasLos nidos por pino caen de unos seis a dos, y al tercer año la presencia es casi nula
Años siguientesUn caso documenta un pino limpio durante cuatro o cinco temporadas tras años de alcohol de quemar y paciencia
✓El método del embudo con bolsa, con los resultados año a año en número de nidos por pino: de seis a casi ninguno en tres temporadas
✓El detalle del ciclo que desmonta el error más común: la polilla pone los huevos en la copa y la oruga no trepa, luego las barreras del tronco no evitan la plaga
✓El aviso poco conocido de que los pájaros insectívoros rompen la bolsa de la trampa para comerse las orugas
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Descargo de responsabilidad: Este artículo no ofrece consejo veterinario, sanitario ni fitosanitario. Ante contacto con orugas o uso de insecticidas y fuego, consulte a un profesional.
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