Sánchez rechaza la guerra y blinda el gas argelino
La comparecencia de Pedro Sánchez sobre el conflicto con Irán dejó un dato que descoloca: España compra a Argelia 128.502 GWh de gas natural, el 34,6% del total, mientras Estados Unidos escala hasta los 111.696 GWh, un 30% y un 96,3% más. El discurso del «no a la guerra» se sostiene sobre esa aritmética incómoda. El presidente rechazó el uso de bases españolas para los bombardeos y calificó la operación de «ataque ilegítimo» y «violación de la ley internacional». La respuesta no se hizo esperar en los mercados: el
IBEX abrió con una caída del 1%.
Qué dijo Sánchez y qué respondió el IBEX
El eje del discurso fue la negativa a servir de plataforma logística. Sánchez repitió el marco que ya usó Zapatero en 2003: ilegalidad internacional, ruptura del sistema basado en reglas, apelación al derecho. La novedad no está en el léxico, sino en el contexto energético. España depende de Argelia para un tercio de su gas y de Estados Unidos para otro 30% que crece al doble de ritmo.
La reacción del mercado fue inmediata. El
IBEX se dejó un 1% en la apertura, un movimiento pequeño en porcentaje pero significativo en dirección. La lectura más repetida es que el coste de la dignidad se paga en la factura energética. Hay quien sostiene que Sánchez ha convertido una posición moral en un riesgo económico medible; en contra pesa el argumento de que ceder las bases habría tenido un coste diplomático mayor.
El problema del gas: Argelia, EEUU y las nucleares
El dato que ordena todo el debate es el mix de suministro. Argelia mantiene su posición como principal proveedor con
128.502 GWh, el 34,6% de las compras totales. Estados Unidos entrega
111.696 GWh, el 30% del total, tras aumentar sus envíos un
96,3%. El detalle, publicado por
El Diario de Madrid, desmonta la idea de que el pulso con Washington salga gratis.
La crítica más repetida apunta a la contradicción de fondo: se pierde a Rusia para depender de Estados Unidos, se enfría Argelia por alinearse con Washington y ahora se tensiona con Estados Unidos mientras se anuncian cierres nucleares. La pregunta operativa es de dónde sale la energía nocturna cuando no haya viento. El cálculo completo, desglosado por fuentes y porcentajes, deja un cuadro de dependencia que sorprende por su fragilidad.
El eje Azores: 2003 contra 2026
La comparación con la foto de las Azores vertebra buena parte del análisis. Entonces Aznar apoyó la invasión de Irak; ahora Sánchez se desmarca. El paralelismo tiene una diferencia clave: en 2003 el coste fue electoral y diplomático; en 2026 el coste es energético y comercial, con amenazas de embargo y aranceles sobre la mesa.
Una corriente de análisis sostiene que la posición de Sánchez busca recomponer el voto de izquierda y capturar a una derecha moderada que rechaza a Trump. Otra lectura, menos amable, apunta a que el discurso buenista no paga la cesta de la compra, el gas ni la gasolina. Entre ambas posiciones, el dato que no cambia es el 1% del IBEX.
Quién paga la factura de la dignidad
El debate derivó hacia el coste real de la posición española. Sectores económicos afectados por el comercio con Estados Unidos advierten de que una escalada arancelaria golpearía a exportadores, turismo y constructoras con presencia en la zona. La amenaza de cortar el comercio con España, formulada desde Washington, deja de ser retórica cuando se traduce a balanza comercial.
Hay quien defiende que la soberanía energética exige diversificar y acelerar renovables; en contra pesa el argumento de que sin nuclear ni gas estable el sistema no aguanta la noche. La discusión no es ideológica, es de suministro. Y el suministro tiene proveedores con nombres y apellidos.
Con estos diferenciales, la dependencia exterior debería ser el centro del debate público. Sigue siendo un titular de un día. ¿Cuánto tiene que subir el gas para que la aritmética sustituya al relato?