Selfies mortales: la paradoja de arriesgar la vida por una imagen
Cuanto más se advierte de los peligros, más gente parece dispuesta a correrlos. El último ejemplo es el de un joven que, en una montaña rocosa, cayó mientras se tomaba un selfie. Los testigos describen el momento como “desgarrador”, pero la ironía de los comentarios en redes no se hizo esperar.
¿Por qué seguimos haciéndolo?
La explicación está en la dopamina: la recompensa social de un selfie arriesgado es inmediata, mientras que el peligro parece lejano. Los expertos lo llaman “sesgo de optimismo”. El resultado: una estadística que no deja de crecer.
El coste humano de la viralidad
No es solo el individuo quien paga. Los servicios de rescate, las familias y las comunidades locales asumen las consecuencias. Aun así, las plataformas digitales siguen premiando el contenido extremo. Hasta que ese algoritmo cambie, el riesgo persistirá.
¿Cuántos accidentes más harán falta para que la balanza se incline del lado de la prudencia?