La fe del inversor minorista en Palantir: ni el PER 250 asusta
Decir que Palantir no es una acción, sino un estado de ánimo, no es una boutade. Es la única manera de explicar que una compañía que cotiza a múltiplos de tres dígitos siga atrayendo los ahorros de inversores particulares con la promesa de que la inteligencia artificial multiplicará su negocio. El debate entre los que aplican el análisis fundamental clásico y los que se suben al carro del momento nunca ha estado tan enconado.
El PER, ese estorbo que ya nadie mira
Cuando el hilo de seguimiento arrancó, los más precavidos señalaban que Palantir cotizaba a un PER de 70, una cifra ya de por sí exigente. Poco después, otro análisis elevaba la estimación a 250, con la pregunta retórica de si la compañía podría multiplicar por ocho sus ganancias por acción en cinco años. La respuesta de los optimistas era simple: si crece a toda máquina, el PER se digiere solo. Esta es la misma lógica que alimentó la burbuja de las puntocom, y no falta quien lo recuerda con sorna: invertir en sectores de moda es la mejor manera de perder todo el dinero.
La discusión se envenenó cuando un inversor, tras ver cómo el precio pasaba de 10 dólares en la salida a bolsa a máximos de 160, resumió su estrategia con un desprecio olímpico hacia el análisis fundamental. Su contraseña, compartida con los que creían en él, prometía revelar la clave del éxito: las tendencias en redes sociales, no los balances. La provocación encendió a los value investors, que esgrimieron los datos de Morningstar: el inversor medio pierde cada año más de un punto por entrar y salir en el momento equivocado.
Contratos militares y el negocio del Estado
El otro gran pilar de la tesis alcista es la vinculación de Palantir con el complejo militar y de seguridad. La asociación con Oracle para llegar al cliente privado fue vista como un primer paso, pero lo que disparó la euforia fueron los rumores de contratos con la OTAN y su papel en el proyecto Golden Dome de defensa antimisiles truncado por el gobierno estadounidense. En el fragor del hilo, uno de los participantes más exaltados llegó a corear que Palantir duplicaría su valor a finales de año gracias a estos acuerdos. Los escépticos, por contra, recordaban que el valor ya había superado la capitalización de Lockheed Martin, el líder mundial en armamento, sin que los ingresos acompañaran.
El espejismo del minorista
La crónica interna de este seguimiento deja varias escenas para el análisis del comportamiento. Un inversor reconocía haber comprado en el soporte de 130 dólares y preguntaba si mantendría, mientras otro, que llevaba un 300% de beneficio, confesaba el miedo a una corrección del 80%. Las posturas oscilaban entre la disciplina de vender y asegurar las ganancias, la esperanza de esperar una nueva subida, y la resignación de los que comparaban Palantir con empresas como INDRA, cuyo valor acabó movido por decisiones políticas más que por fundamentales.
La pregunta sobre qué debería mirar un inversor minorista quedó sin respuesta satisfactoria. El consejo más sensato, aportado por una intervención con datos, era que lo primero no es la empresa, sino el propio comportamiento: la brecha entre el fondo y el inversor, el famoso gap de Morningstar, se come el 15% de la rentabilidad a una década vista. Pero en plena euforia, esa enseñanza suele caer en saco roto.
Las últimas semanas de seguimiento muestran un precio consolidado sobre los 130 dólares, con defensores del soporte y detractores que pronostican un desplome a los 30. Y mientras tanto, Palantir presentaba un aumento trimestral de ingresos del 93%, un dato que alimenta a los optimistas y que los pesimistas consideran irrelevante al lado de un PER que sigue subiendo.
Con esos mimbres, cabe recordar que hace un año la cotización pasó de 124 a 80 dólares sin que nadie diera una explicación convincente. La fe mueve montañas, dicen. También puede hundirlas.