Los ocho primeros nacimientos de 2024 en Cataluña, región por región
¿Cuántos nacimientos hacen falta para reabrir la misma discusión un año más? Uno. A las 00.01 del 1 de enero de 2024 —un minuto después de la última campanada— nació Jacob en la Fundació Sant Hospital de La Seu d'Urgell (Lleida). Pesó
2.630 kilos y es hijo de Liseth Manuela y Wilson David. Con él arrancó el reparto oficial de primeros nacimientos por regiones sanitarias que la Generalitat difundió ese mismo día. Y con los nombres llegó, puntual, la pregunta de siempre: quién cuenta como catalán y quién no.
Los primeros nacimientos de 2024, región por región
En Barcelona, el hospital Vall d'Hebron registró a las 00.10 a
Matteo Alexander, de 3.635 kilos e hijo de Joselyn Sulma y Álex Alberto. A las 00.40, en el Hospital de Figueres, nació el hijo de Rupindar Kaur y Amrik Singh, vecinos de Llançà,
al que sus padres todavía no habían puesto nombre. La región Metropolitana Sur anotó a las 00.47 a Eithan (3.020 kilos), hijo de Braydin y Manuel, de Sant Boi de Llobregat. El primer tarraconense llegó a las 00.52: Víctor (3.420 kilos), primogénito de Ewelina y Rubén, de Valls.
En Cataluña Central hubo que esperar hasta las 01.22 para recibir a Inass (3.340 kilos), hija de Rachah Odda y Abderahim, de Manresa. En la Metropolitana Norte, a las 02.22, Elisabet, de Premià de Mar, dio a luz a Darion Lucas en el Hospital de Mataró. Y el último de la lista fue el más tardío y el más grande:
Ayah, 4.075 kilos, a las 05.15 en el Hospital de Tortosa Verge de la Cinta, hija de Karima y Hamid, de Roquetes.
Ocho partos, ocho horas distintas, un mismo ritual informativo. Los pesos, los horarios y los hospitales son el único dato duro del día.
El nombre que nadie puso y la pregunta que sobra
La propia información de la Generalitat señalaba un detalle incómodo: el origen de los progenitores había generado
comentarios de carácter xenófobo en redes sociales, atribuidos a sectores ultranacionalistas catalanes. Entre ellos, la exigencia de que se identificara al «primer catalán de Cataluña». Otra cuenta celebraba con sorna a los «catalanes de pura cepa». La noticia era un nacimiento; el subtexto, un censo.
Conviene recordar un detalle elemental: ninguno de esos recién nacidos ha hecho nada, salvo nacer en un hospital público un 1 de enero. Hay quien lo subraya en mitad de la refriega y hay quien prefiere mirar hacia otro lado.
De Cataluña a Bizkaia: el mismo guion un día después
El patrón se repitió fuera de Cataluña. En Bizkaia, la primera nacida del año fue Noa, a las 1:20 en el Hospital de Cruces de Barakaldo, con 3.300 kilos. Sus padres: Unai Bartolomé, de Bizkaia, y
Mayra Alejandra, colombiana que llegó a España con siete años y reside en Basauri. En Álava, un mensaje del foro reproducía un titular de El Correo igual de explícito: «Bintou es la primera alavesa del 2024».
La coincidencia no es casual ni local. Los partes de nacimientos se publican por regiones sanitarias y administrativas, y cada uno arrastra su propia lista de nombres propios.
El 1 de enero y el calendario informativo que se repite
Una parte de la conversación sostiene que estas piezas funcionan como un mecanismo de relojería: el primer bebé del año, la cuesta de enero, los Reyes, los comerciantes quejándose de la campaña navideña, la subida del desempleo tras las fiestas y tres o cuatro noticias sobre el frío. Siempre los mismos titulares en fechas previsibles. El primer nacimiento sería, en esa lectura, una pieza más del calendario.
El dato que respalda ese escepticismo es sencillo: la noticia cambia de protagonista cada año y el formato permanece idéntico. Lo que varía es el apellido de los padres, y ahí es donde el asunto deja de ser una anécdota amable.
Qué dicen los datos demográficos y qué solo se sostiene
En la discusión se cruzan cifras que conviene tratar con pinzas. Hay quien afirma que la población de origen extranjero en España ronda ya el
25% o el 30% y que siguen entrando más de medio millón de personas al año; son estimaciones lanzadas al vuelo por un forero, sin fuente primaria verificable en el material consultado. Circula también una comparación difundida a partir de datos de El Español según la cual Madrid tendría 2,5 residentes marroquíes o dominicanos por cada alemán, holandés o ruso, frente a menos de uno en Barcelona.
Otras intervenciones sostienen lo contrario en el matiz: que la
inmigración latinoamericana se percibe de forma distinta a la magrebí por afinidad idiomática y cultural.
El único punto donde coinciden casi todas las posturas es el más obvio y el menos comentado: los protagonistas de la noticia son bebés de horas de vida. Todo lo demás que se les ha colgado encima lo escribieron otros.
Cada 1 de enero, un hospital entrega un parte, un medio lo publica y una parte de la audiencia hace cuentas que no venían en el folio. El recién nacido, mientras, sigue sin saber nada de todo esto.