VPO de Madrid: la venta a un fondo que se recuerda en el debate
¿Te acuerdas de las VPO de Madrid que dejaron de serlo de un día para otro? Un forero recuerda que se vendieron a un fondo de inversión por unos 68.000 euros por unidad, y que los inquilinos que las tenían con opción a compra se quedaron con la miel en los labios. Según este relato, la operación la cerró el ayuntamiento de la capital hace ya unos años, y desde entonces el debate vuelve cada vez que alguien menciona la palabra desahucio. Porque, como sostiene este participante, el mercado no es Dios, y nadie alquila a un vulnerable.
El asunto salta ahora a la palestra por un motivo muy concreto: el Gobierno de la nación ha anunciado el fin de los desahucios para inquilinos vulnerables, y muchos se han acordado de que la derecha ya hizo lo contrario en la capital. La comparación es inevitable. Unos venden patrimonio público a un fondo buitre; otros prohíben echar a la gente de su casa. Y en medio, los mismos ciudadanos de siempre, que llevan años cotizados y que hoy duermen en un banco o en su coche.
¿Qué pasó exactamente con las VPO de Madrid?
Según el relato del foro, la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo (EMVS) de Madrid vendió un paquete de viviendas de protección oficial a un fondo de inversión por unos 68.000 euros por unidad. Las casas dejaron de estar protegidas, y los inquilinos que las ocupaban con opción a compra vieron cómo su sueño de adquirir la propiedad se esfumaba. La operación se justificó entonces como una forma de sanear las cuentas de la empresa municipal, que arrastraba pérdidas millonarias. Pero el resultado fue el mismo: los inquilinos quedaron a merced del mercado.
Hay quien sostiene que la venta era inevitable porque la EMVS estaba quebrada. El argumento es que, o se vendían los activos para que la entidad sobreviviera, o se socializaban las pérdidas entre todos los contribuyentes y los inmuebles se deterioraban hasta perderlos. En ambos casos, el agujero ya estaba ahí por la mala gestión pública. La tragedia del estado propietario, vaya.
¿Por qué se desahució a octogenarios con opción a compra?
El caso más sangrante, según este relato, es el de los inquilinos que llevaban décadas pagando religiosamente y que, de repente, se encontraron con que su casa ya no era suya. Algunos eran octogenarios. La venta a un fondo implicaba que, si no podían pagar el nuevo precio de mercado, se les echaba a la calle. Y eso es exactamente lo que, según se afirma en el debate, pasó en varios casos. La izquierda denuncia ahora que la derecha dejó a gente mayor en la indigencia, mientras que la derecha responde que la culpa fue de la gestión municipal anterior.
Lo cierto es que el mercado no quiere a los vulnerables. Nadie alquila a alguien que no puede pagar. Y cuando el Estado se desentiende, el resultado es el que es: personas con muchos años cotizados durmiendo en bancos o en sus coches. La imagen no es agradable, pero es real.
¿Qué tiene que ver Pedro Sánchez con todo esto?
Poco o nada, según los datos. La venta de las VPO de Madrid se cerró hace casi dos décadas, cuando gobernaba la derecha en la capital. Pero el debate sobre la vivienda se ha convertido en un arma arrojadiza entre los dos grandes partidos. Unos sacan el tema de los desahucios para atacar al Gobierno central; otros recuerdan la venta a un fondo para atacar a la oposición. Y en medio, los ciudadanos que no pueden pagar un alquiler.
La realidad es que el problema de la vivienda en España no se resuelve con un decreto ni con una venta. Se necesita un parque público de alquiler como el que tienen en Viena o en Hamburgo, donde las empresas municipales gestionan miles de viviendas a precios asequibles. En España, en cambio, apenas hay parque público, y el poco que hay se vende al mejor postor. Así nos va.
Al final, la pregunta no es si Pedro Sánchez es el demonio o si la derecha es el demonio. La pregunta es por qué seguimos discutiendo lo mismo cada cuatro años mientras la gente sigue durmiendo en la calle. Y la respuesta, por desgracia, es siempre la misma: porque el mercado no es Dios, pero se le trata como si lo fuera.