Dar pasaporte a 80.000 saharauis para poder reclamar 300.000 km²
¿Se puede reclamar un territorio regalando pasaportes? Sobre esa pregunta se sostiene la vieja tesis de que el Sáhara Occidental puede volver a ser español. El razonamiento cabe en tres líneas: si los cerca de 80.000 saharauis obtuvieran la nacionalidad española, España dejaría de ser la antigua potencia administradora y pasaría a ser garante de los derechos de sus propios ciudadanos. Reclamar en su nombre los 300.000 km² del territorio sería, entonces, reclamarlos para sí misma.
La aritmética del pasaporte y del territorio
El cálculo que circula es de proporciones desiguales: unos 80.000 pasaportes frente a unos 300.000 kilómetros cuadrados. Para sus defensores, sería la jugada más barata de la geopolítica española, comparable —salvando las distancias— al peso que Ceuta y Melilla tienen en la política norteafricana. No es un mecanismo nuevo: la nacionalidad por descendencia, como la que articuló la ley de nietos, ya se ha usado como herramienta de influencia sobre comunidades en el exterior.
Quién lo sostendría y quién lo bloquearía
Hay quien sostiene que solo una formación como Vox llevaría la reclamación hasta el final, y que ni el PSOE ni su versión azul —el PP— se atreverían. Enfrente pesa un obstáculo mayor: Marruecos. La tesis dominante es que Rabat nunca aceptaría que España nacionalizara a los saharauis para reclamar después un territorio que considera propio. La legalidad internacional y el contencioso pendiente en Naciones Unidas juegan en contra.
El pulso que nadie confirma
A la fecha de esta discusión, la concesión de pasaportes a saharauis aparece como un posible gesto de política exterior. Si es presión, negociación o simple propaganda, no hay confirmación oficial.
Al final, la jugada más brillante de la historia reciente de España lleva lustros esperando a que alguien la ejecute. Se ve que no corría prisa.