Turistas de Airbnb se burlan de una protesta vecinal y casi acaban linchados
Un grupo de turistas alojados en un piso turístico en el barrio de La Mina, Barcelona, provocó un altercado al mofarse de una concentración vecinal contra un desahucio. Los hechos, ocurridos esta semana, han reabierto el debate sobre la convivencia entre el alquiler vacacional y la realidad social de los barrios más vulnerables.
Según testigos, los jóvenes ocupaban un balcón mientras los vecinos protestaban por el desalojo de una familia. En un vídeo difundido en Instagram se les ve cantando y riéndose de la situación. La reacción no se hizo esperar: los residentes comenzaron a lanzar objetos y proferir amenazas. La presencia de los Mossos d'Esquadra, que custodiaban la protesta, evitó que la escalada fuera a más. Los turistas fueron escoltados fuera del inmueble.
El incidente ilustra la creciente tensión en barrios con alta concentración de pisos turísticos. En zonas como La Mina, donde confluyen problemas de exclusión social, tráfico de drogas y chabolismo, la llegada de Airbnb se percibe como una provocación más que como una oportunidad económica. «Estos chavales no sabían dónde se metían», resume un vecino, que apunta que ya se ha abierto un atestado contra el piso. El Ayuntamiento de Barcelona acumula denuncias por pisos ilegales, pero la turistificación no cesa.
Lo que a primera vista parece una simple pelea callejera es en realidad el síntoma de un fracaso colectivo. Ni la regulación de pisos turísticos (que exige licencia municipal) ni las campañas de turismo responsable han logrado evitar que un puñado de jóvenes británicos confunda un barrio conflictivo con un parque temático. «Darwin nunca descansa», ironiza un residente. El episodio, aunque sin heridos, deja una pregunta incómoda: ¿cuántos choques más harán falta para que el sector turístico asuma que no todo vale?