Hollywood, el ariete del wokismo antes de que existiera la palabra
¿Fue el cine del siglo XX un instrumento de destrucción social? Una corriente crítica cada vez más audible sostiene que sí, y la lista de películas acusadas no deja de crecer. Desde Guess Who's Coming to Dinner, señalada por normalizar el mestizaje como proyecto político, hasta Pretty Woman, calificada de himno al “porque yo lo valgo”, pasando por Titanic, acusada de falsear el hundimiento y romantizar el amor que todo lo arrasa. La tesis es sencilla: Hollywood habría colado entre líneas la ruptura del compromiso marital, el divorcio y la autocomplacencia como modelo de vida.
Del divorcio al salvador blanco: la lista de sospechosos
La crítica no se queda en los títulos de siempre. Señala que Forrest Gump presenta a un hombre humillado que termina aceptando un papel secundario en su propia vida, que Thelma & Louise convierte la huida en lema feminista y que Kramer contra Kramer disfraza la separación de triunfo personal. Tampoco se salva El club de los poetas muertos, definido como “bazofia” en alguna reseña célebre. Y un tercer frente apunta a los “salvadores blancos”: Gran Torino, Tiempo de matar, Django desencadenado, acusados de perpetuar la misma jerarquía que dicen combatir.
¿Espejo o motor?
La réplica es previsible: el cine reflejaba cambios sociales ya en marcha, no los inventaba. Confundir el espejo con el motor es un error analítico de manual. Pero la conversación ya está servida: en la era del streaming, la revisión del canon se ha convertido en un campo de batalla ideológico, y el catálogo de películas “destructivas” sigue engordando. Al final, quizá lo único que pruebe esta lista es que para cierta sensibilidad “destrucción social” es cualquier película donde las cosas no acaban como en 1940. Amen.