La paciencia del votante tiene precio de mercado
La idea de que los votantes del actual gobierno tienen una capacidad infinita para tragar sapos se ha repetido hasta la saciedad. Pero el análisis de sus motivaciones revela algo muy distinto: no es estoicismo, es estrategia. Los que apoyan al Gobierno no lo hacen por ignorancia ni por resignación; lo hacen porque reciben algo a cambio, ya sea económico, moral o ideológico. Quienes sostienen lo contrario suelen confundir la tolerancia con la estupidez.
El mito del 'votonto' se desmorona
Detrás del voto a la izquierda hay un cálculo racional. Para una parte del electorado, el sostenimiento del Estado del bienestar significa empleo público, subvenciones o simples servicios que de otro modo no tendrían. Otros buscan protección frente a políticas de choque como las que propone un Milei. No es casual que en el debate se recuerde que 'los votantes no tienen tragaderas, tienen intereses'. La evidencia del caso Montoro, con millonarios beneficiados por la amnistía fiscal, se contrapone a quienes apoyan al Gobierno por miedo a perder lo poco que tienen.
El beneficio moral también cuenta
No todo es dinero. Una corriente significativa de votantes se conforma con medidas simbólicas: ley de memoria, eutanasia restringida, aborto. Es el 'beneficio moral' que justifica apoyar a un partido que en lo económico se parece a la derecha. Pero este voto ideológico choca con la realidad de que, en las altas esferas, la diferencia entre izquierda y derecha se reduce a unos miles de euros en impuestos —o millones, como en la amnistía de Montoro.
Hooligans y pupilos del Estado
Hay quien reduce la cuestión a mero hooliganismo o a la dependencia del sector público. 'En Españistán viven de lo público miles y miles de personas', resume un análisis. Pero incluso ese hooliganismo tiene su lógica: el beneficiario del Estado defiende al que le da de comer. La lealtad partidista no es fe, es inversión.
Si algo queda claro es que el voto no se sostiene sobre la paciencia infinita, sino sobre un frágil equilibrio de intereses. Si el Gobierno empieza a no cumplir su parte del trato, esas 'tragaderas' se evaporarán. La pregunta es cuánto tardarán en exigir cuentas.