Peramato bloquea rebaja de Aldama: ¿prevaricación o control político?
La nueva fiscal general, Teresa Peramato, designada por Sánchez, ha impedido que el Ministerio Fiscal solicite una reducción de condena para Víctor de Aldama, pese a que el código penal prevé atenuantes por colaboración. El episodio reaviva las sospechas de que la Fiscalía actúa como brazo político del Gobierno, mientras que fuentes oficiales defienden la legalidad de la decisión.
Los hechos: una rebaja de pena bloqueada
Según la información publicada, la Fiscalía Anticorrupción se disponía a pedir una reducción de dos grados en la pena de Aldama por su cooperación con la justicia en el caso Koldo. Sin embargo, Peramato intervino para paralizar esa petición. Los datos del debate señalan que para Aldama se solicitan 7 años de prisión, frente a los 24 años pedidos para José Luis Ábalos y 19 para Koldo García. La disparidad ha generado indignación: se considera que Aldama, como presunto cerebro de la trama, recibe un trato excesivamente benévolo, mientras que los políticos obtienen penas muy superiores. Pero la intervención de Peramato impide esa rebaja, lo que a ojos de muchos supone un ejercicio de poder político sobre la justicia.
Posturas enfrentadas: prevaricación o prudencia
La mayoría de las intervenciones en el debate consideran que la decisión de Peramato constituye una clara prevaricación, al anteponer intereses partidistas a lo que establece la ley. Se argumenta que si el fiscal general puede vetar una propuesta técnica de la Fiscalía Anticorrupción sin motivos jurídicos sólidos, se quiebra la independencia del Ministerio Público. Otros participantes, sin embargo, defienden que Peramato podría disponer de información adicional que justifique no aplicar la rebaja, o que la colaboración de Aldama no es lo suficientemente relevante. También hay quienes señalan que el problema es sistémico: la Fiscalía depende del Gobierno, y eso invalida cualquier pretensión de imparcialidad.
El contexto: casos de corrupción y cifras millonarias
El debate enlaza este episodio con otros escándalos, como el caso de los ERE andaluces, donde se desviaron 679 millones de euros, o el caso hidrocarburos, donde se habla de un fraude de 250 millones. Se critica que mientras en los ERE las condenas fueron cuantiosas pero repartidas entre muchos implicados, en el caso Aldama se quiere centrar el castigo en un solo empresario. La sensación general es que el sistema judicial español está capturado por el poder político y que casos como este demuestran que la corrupción se persigue de forma selectiva.
La pregunta que queda en el aire es si la Justicia española puede funcionar con mínimas garantías de independencia cuando la cabeza del Ministerio Fiscal es nombrada a dedo por el presidente del Gobierno.
Debates relacionados en el foro