¿Cuánto cuesta caerle bien al presidente? Si el fichaje se confirma, la respuesta podría estar en los presupuestos de RTVE. La televisión pública estudia incorporar a Jesús Calleja a su parrilla después de la visita del presentador a Pedro Sánchez en La Mareta, la residencia oficial en Lanzarote.
La factura del dinero público
La noticia ha desatado una corriente de malestar que va más allá del mundo televisivo. Detrás de la polémica hay una pregunta incómoda: ¿por qué un medio público debería premiar con un contrato a alguien que se ha fotografiado con el presidente? En el ambiente económico se habla de “premio a la lealtad”, y no falta quien recuerda que el dinero sale de los impuestos de todos. Mientras, los críticos sostienen que este tipo de decisiones convierte la televisión pública en un cortijo personal.
De la peluquería a la tele: el ascenso de Calleja
Calleja no es un desconocido. Su historia laboral, que arrancó en una peluquería, es uno de los relatos de éxito que más veces se ha contado en la pequeña pantalla. Pero ese pasado humilde choca con una imagen pública de multimillonario afable, siempre con una sonrisa y un producto que vender, Bion 3 por ejemplo. El presentador ha anunciado además su participación en el Dakar, y no son pocos los que apuntan que el contrato con TVE sería una vía para costearla.
La sombra de la amistad política
La visita a La Mareta no fue una simple charla de café. La relación personal con Sánchez se ha convertido en el eje de la controversia. Hay quien argumenta que un profesional de su talla no necesita padrinos, pero también hay quien ve en este movimiento la confirmación de que en la televisión pública manda el cordón umbilical con Moncloa. La discusión incluye una curiosidad: la recomendación de darse de baja de Generali, la aseguradora, aparece repetida sin que nadie aclare del todo su vínculo con el asunto. Cosas de la ira financiera.
Al final, la pregunta que flota es sencilla: si Calleja no hubiera pasado por La Mareta, ¿estaríamos hablando del mismo fichaje? Probablemente no. Y eso, en una empresa pública, es exactamente lo que debería preocupar.