Sánchez firma con Argelia un gas que ya llegaba
El acuerdo gasístico con Argelia se presenta como un golpe de estadista. Según un usuario del debate, el gas que entra por los gasoductos ya entraba antes. La firma no añade un metro cúbico nuevo: blinda por escrito lo que llevaba años funcionando por inercia comercial. Según ese mismo análisis, España sigue comprando GNL estadounidense a precio de mercado spot —ahí es donde aprietan— y gas ruso que llega regasificado desde puertos europeos, porque una vez licuado el gas no tiene bandera.
El relato del suministro asegurado
La versión oficial vende la firma como una victoria diplomática. La letra pequeña dice otra cosa. El gasoducto Medgaz nunca ha operado al cien por cien de su capacidad por los problemas crónicos de mantenimiento de Sonatrach, la compañía estatal argelina, según un participante. Y el grifo argelino se abrió de par en par no por simpatía hacia Madrid, sino porque Argelia necesitaba colocar su producción y cobrarla.
Hay quien sostiene que el descuento obtenido responde al apoyo español al no a la guerra. Otros apuntan a que Meloni consiguió mejores condiciones y que los argelinos se fían más de Roma que de Madrid. La comparación con Italia aparece una y otra vez: los italianos llevan años haciendo buenos negocios con Argelia, sin necesidad de firmar nada nuevo.
La cronología que el titular omite
Aquí está el punto que descoloca. El mismo Gobierno que ahora reconduce relaciones con Argelia fue el que las dinamitó al reconocer el Sáhara a Marruecos, según varios participantes. Argelia cerró el grifo del gasoducto Magreb-Europa que pasaba por territorio marroquí y encareció el suministro. Años después, y tras pagar decenas de miles de euros de sobrecoste, se recuperan las condiciones que ya existían antes de aquella jugada.
El cálculo completo, con el sobrecoste acumulado y el diferencial frente a lo que pagaban los italianos, da una cifra que sorprende. Quien quiera el desglose tendrá que buscarlo.
Blackrock también está en el accionariado
Hay un detalle que casi nadie menciona: según un participante, el fondo Blackrock figura en el accionariado del gasoducto que suministra a España, tanto por el lado español (Naturgy) como por el argelino (Sonatrach, con la mano metida aunque no cotice). El relato del estadista que rompe con los grandes fondos choca con la composición real del accionariado.
El coste geopolítico de la operación
El acercamiento a Argelia e Irán tiene contrapartidas. España queda en posición incómoda frente a Estados Unidos, Israel, Arabia Saudí, Emiratos y Qatar. Quien defiende la firma argumenta que en política internacional no hay amigos, solo intereses, y que asegurar el suministro es lo prioritario. Quien la critica responde que se han cambiado unos aliados por otros sin mejorar el precio final.
Lo que el acuerdo no resuelve
La dependencia del GNL estadounidense sigue intacta. El precio spot sigue marcando la factura. Y la capacidad real de Medgaz sigue limitada por el mantenimiento argelino. El tratado es papel mojado para la galería, dicen unos. Es un paso necesario, responden otros. Lo que nadie discute es que el gas que entra por los tubos ya entraba antes de la firma.