Putin acusa a EEUU de destruir la economía europea
¿Se puede sostener una economía industrial sin energía barata? Esa es la pregunta que planea sobre el debate abierto a raíz de las declaraciones de Vladímir Putin en las que acusa a
Estados Unidos de estar destruyendo la economía europea y, en particular, la alemana. El mensaje inicial del hilo recoge la cita completa: «Estados Unidos está destruyendo la economía europea y alemana. Industrias enteras están cerrando en Alemania y se están trasladando a Estados Unidos». A partir de ahí, el hilo se convierte en un pulso entre dos relatos: el que sostiene que Europa se ha convertido en un vasallo económico de Washington y el que responde que el verdadero problema ruso es su propia fragilidad financiera.
El rublo, los tipos al 21% y la inflación del 7,5%
La contraofensiva llega rápido. Frente al diagnóstico de Putin, se esgrime la situación macroeconómica rusa: un rublo que no se sostiene, unos tipos de interés en el 21% y una inflación del 7,5%. El argumento es simple: si Rusia fuera la cuarta economía del mundo, no necesitaría tipos de usura para contener la fuga de capitales. La respuesta no se hace esperar: se alega que esos datos los publica el propio gobierno ruso y que, por tanto, no son fiables. La discusión deriva entonces hacia la validez del PIB nominal frente al PIB real, con acusaciones cruzadas de manipular las cifras.
El PIB nominal como termómetro de la deuda
Uno de los ejes del debate es la métrica. Hay quien defiende que el PIB nominal es más fiable para medir una economía que no se endeuda más allá del 30%, mientras que el PIB real solo sirve para inflar los números de economías ahogadas por la deuda. Enfrente, la réplica es que el PIB nominal no es un indicador de desarrollo y que Rusia no entra ni en el top 10 mundial. La comparación con Italia —«Italia tiene más PIB que Rusia»— se lanza como dardo, y la contestación llega con sorna: «El PIB ese que llaman real es una estafa. China es la primera economía del mundo, Rusia la cuarta».
Alemania, la industria que se apaga y la energía barata
Más allá de la refriega estadística, hay un punto de consenso incómodo: la economía alemana sin energía barata, venga de Rusia o del Polo Norte, no es competitiva. Se argumenta que las sanciones tenían un doble objetivo: dañar a Rusia y, de paso, a un rival económico como la UE. «Two birds with one stone», resume una intervención. La idea de que Estados Unidos se beneficia del cierre industrial alemán para atraer empresas a su territorio sobrevuela todo el hilo. Y la cita de Putin sobre la cuerda —«¿Traemos nosotros la cuerda o nos la dan ustedes?»— se celebra como una descripción certera de la relación transatlántica.
¿Es Rusia Europa? La disputa identitaria
El hilo se bifurca hacia terrenos culturales. Una corriente sostiene que Rusia es Europa por historia, filosofía y música, y que las disputas actuales son «cosas de europeos». Otra responde que la Rusia actual es un imperio en la línea de los que ya fueron despedazados, y que su alianza con China la convierte en un actor soberano frente a los países satélite de Washington. La intervención más repetida en este tramo: solo cuatro pueblos tienen dirigentes que pueden actuar con soberanía —Estados Unidos, Rusia, China e Irán—; el resto serían vasallos.
Soberanía, sanciones y el papel de Europa
La discusión deriva hacia la soberanía europea. Se afirma que Europa es el pelele donde pelearán los beligerantes y que a Estados Unidos le conviene una Europa domesticada. Frente a eso, surge la autocrítica: «Culpa de los europeos, todo sea dicho, que nos dejamos reventar por ajenos». La posibilidad de que Alemania despierte políticamente se menciona al hilo del auge de Alternativa para Alemania, que según los datos que se comparten en el tramo final del hilo se habría convertido en segundo partido. El hilo no cierra esa historia: la deja abierta.
Al final, la pregunta sigue siendo la misma que al principio: ¿quién sostiene a quién? Los datos que se cruzan no permiten una respuesta limpia. Y mientras tanto, la industria alemana sigue mirando hacia otro lado del Atlántico.