Un mapa divide España en seis estados y aviva el relato de un supuesto plan ruso
¿De dónde sale el mapa que reparte España en seis estados y devuelve a Portugal la etiqueta de departamento de ultramar de Brasil? El gráfico lleva años circulando por canales de Telegram y redes sociales y su rastro se pierde en la niebla: no hay documento oficial, ni firma del Kremlin, ni rueda de prensa que lo avale. Y precisamente por eso sirve para todo. Para acusar a Moscú de querer desmembrar Europa, para sospechar de Bruselas a la vez y para discutir, de paso, si Cataluña fue alguna vez un reino.
Qué trocea exactamente el mapa de Europa
El dibujo reparte España en
Galicia, Valencia, Málaga, Cataluña, Castilla y Navarra. Las cinco primeras aparecen como repúblicas; la sexta, como reino. El resto del continente no sale mejor parado: hay un Emirato de París, un Emirato de Londres, una República Islámica de Suecia, un Estado Islámico de Roma y Nápoles y un territorio entre Hungría y Rumanía bautizado con un término despectivo hacia la población romaní que no reproducimos. Portugal queda como departamento de ultramar de Brasil y Flandes se parte en dos mitades.
La ocurrencia tiene gracia. Y ahí está el problema: un mapa que mezcla el Emirato de París con la
República de Málaga se parece más a un ejercicio de imaginación que a una hoja de ruta filtrada de un Estado Mayor. Basta repasar la lista para dar con una incongruencia que algunos subrayan: Cataluña nunca fue un reino, así que la Corona de Aragón mal encaja en ese organigrama.
Quién diseñó el mapa: ni confirmado ni desmentido
La versión más difundida atribuye el gráfico a propaganda rusa. Una lectura lo presenta como el sueño de un Kremlin empeñado en convertir a sus vecinos en
satélites explotados, y de ahí se extrae la conclusión de que toda simpatía hacia Moscú equivale a una traición. La acusación tiene gancho, pero la autoría no resiste el menor escrutinio.
Frente a esa tesis, otra línea sostiene que se trata de un mapa que la Unión Europea maneja desde hace años y cuyo origen no estaría en el Gobierno ruso, sino en usuarios anónimos de redes sociales. Es el tipo de pieza que se comparte precisamente por lo que tiene de
meme: cuanto más exagerada, más se difunde. Atribuir a un gobierno un dibujo anónimo es un salto que los propios defensores de la tesis rusa no logran documentar. Una de las afirmaciones que se leen en el hilo asegura que ese gráfico retrata la mentalidad de un ruso medio y que en Moscú se lo toman en serio, igual que se toma en serio recuperar Alaska. Serio, lo que se dice serio, no hay nada.
El precedente que da fuerza a la sospecha
Quienes defienden la autoría rusa no van del todo desnudos. Su argumento más sólido no es el mapa, sino la lista real de territorios que solo Moscú ha reconocido como Estados:
Transnistria, Abjasia, Donetsk, Lugansk y Osetia del Sur. Cinco repúblicas que existen en el papel diplomático ruso y en casi ningún otro sitio.
Sobre esa base se añade un segundo argumento, más discutido: que desde Moscú se habría financiado la causa independentista catalana para avivar el separatismo en el resto de Europa, con la independencia de Cataluña como efecto dominó. La acusación circula con insistencia, aunque ninguna de las versiones que se manejan aporta prueba concluyente.
Ahí está el detalle: la sospecha es razonable como hipótesis y frágil como certeza.
Los otros sospechosos de siempre
Para una parte del análisis, el mapa es propaganda y el peligro real viene de otro lado. Se compara el reparto de España con planes atribuidos al Gobierno, con proyectos hacia Marruecos, con la propia Unión Europea, con la OTAN y hasta con un supuesto diseño alemán para el continente. La idea de fondo es que el país ya se está fragmentando por dentro y que no hace falta ningún decreto ajeno para conseguirlo.
La lista de culpables se dispara según el día: Bruselas, Washington, Londres, Marruecos, Berlín. Cada versión tiene su público y ninguna trae anexos.
Cuando todo el mundo quiere trocear algo, la acusación pierde filo.Una Cataluña que nunca fue reino y una Málaga sin gobierno
El mapa falla hasta en lo básico. Cataluña figura como república dentro de un ordenamiento que ignora que jamás fue un reino independiente, y la Málaga que propone no tiene ni capital clara ni institución que la respalde. Son detalles que, leídos con calma, convierten la amenaza en lo que probablemente es: una broma con formato de infografía.
Y sin embargo, el mapa ha hecho su trabajo. Ha servido para separar a unos de otros, para repartir etiquetas y para que la discusión sobre quién desmembraría España acabara derivando hacia quién la está desmembrando de verdad.
Con estos mimbres queda una conclusión incómoda: el mapa no demuestra ningún plan ruso, pero sí demuestra que basta un dibujo para que medio continente se crea en guerra.