El «Plan Kalergi» en Ucrania: una conspiración que mezcla reemplazo poblacional y antisemitismo
En los últimos días ha cobrado fuerza en ciertos círculos digitales una versión de la teoría del «Plan Kalergi» aplicada a Ucrania. Según esta narrativa, las élites globalistas estarían impulsando un reemplazo de la población eslava por inmigrantes de Asia Meridional (a los que se refiere despectivamente como «pajeets») y musulmanes, con el objetivo de diluir la identidad nacional ucraniana. El debate se ha alimentado de imágenes que muestran banderas ucranianas junto a la esvástica y la bandera israelí, así como de referencias a figuras como el actor y presidente Volodímir Zelenski, a quien se acusa de promover esa política.
Los orígenes de la teoría
El «Plan Kalergi», inspirado en el controvertido pensador Richard von Coudenhove-Kalergi, es un clásico de las teorías conspirativas de la ultraderecha. Postula un supuesto plan secreto para mezclar razas y eliminar a la población blanca mediante la inmigración masiva. En el contexto ucraniano, la teoría se ha adaptado para sugerir que Zelenski —a quien algunos participantes etiquetan como «cómico y drogadicto»— estaría sacrificando a su propia población en la guerra para luego reemplazarla con extranjeros, especialmente procedentes de Pakistán («pajeets») o de países musulmanes.
Evidencias y contradicciones
Los partidarios de esta tesis difunden una foto en la que aparecen una bandera ucraniana con la esvástica y otra con la de Israel, acompañada del mensaje de que ambos símbolos representan la misma élite. También se mencionan cifras sin verificar, como las «8.000 mezquitas en Rusia» y los «600.000 abortos anuales» en Rusia, como supuesta prueba del plan de reemplazo. Sin embargo, ningún dato oficial respalda estas afirmaciones. La realidad demográfica de Ucrania es devastadora por la guerra, pero no hay indicios de una política deliberada de sustitución étnica.
¿Quién aviva el relato?
El discurso combina antisemitismo —con alusiones al «talmudismo» y a una conspiración judía— y un rechazo a inmigrantes de cualquier origen. Los promotores del bulo insisten en que «no es el moro, no es el negro», sino que la élite busca cualquier grupo étnico para reemplazar a los blancos. La ironía es que la misma teoría que denuncia el reemplazo utiliza un lenguaje deshumanizador contra los propios ucranianos, a los que califica de «mongoloides» o «tontos». En definitiva, la teoría del Plan Kalergi en Ucrania no es más que una variante más de la antigua conspiración del «gran reemplazo», reciclada para un nuevo escenario de guerra.
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