Las gasolineras ucranianas, nuevo objetivo de los drones rusos
Los surtidores de Ucrania están ardiendo. La última oleada de drones ha golpeado estaciones de servicio en Poltava y mantiene bajo presión toda la red al este del Dniéper, donde algunas rutas ya sufren escasez. Quienes siguen el conflicto sobre el terreno advierten: si el ritmo de incursiones no cae, el precio de la gasolina se elevará con fuerza en otoño, incluso con las subvenciones de la UE.
El debate sobre qué es un objetivo legítimo
El ataque a surtidores civiles reabre la vieja pregunta de la guerra energética. Un sector considera que una gasolinera es infraestructura civil y que golpearla es, llanamente, violencia extremista. El otro bando recuerda que las refinerías rusas y los convoyes de combustible que abastecen Crimea también fueron celebrados como objetivos militares, y pregunta dónde está la línea: si el combustible alimenta la maquinaria de guerra, ¿quién distingue entre el depósito de un camión y el de un conductor particular? El intercambio de acusaciones de hipocresía va en ambas direcciones, y la respuesta no es tan limpia como a cada parte le gustaría.
La pregunta incómoda queda flotando: cuando el suministro civil y el militar comparten la misma red logística, separar lo legítimo de lo atroz se convierte en un ejercicio tan político como jurídico. Mientras tanto, al este del Dniéper, quien necesita gasolina no tiene tiempo para teorías.