Arrancan 30 hectáreas de encinas replantadas con dinero europeo para instalar placas solares
En el término municipal de Jalance (Valencia), la Asociación Naturalista de Ayora y Valle ha denunciado ante la Guardia Civil la tala de un bosque de encinas que fue repoblado en el año 2000 con fondos de la Unión Europea. Treinta hectáreas de terreno, que durante un cuarto de siglo han crecido gracias al dinero comunitario, han sido arrasadas para dar paso a un parque solar. La paradoja es tan obvia que duele: Bruselas financia la reforestación y, veinticinco años después, la misma lógica verde autoriza su destrucción.
La denuncia y el silencio oficial
La Asociación ha puesto los hechos en manos de la Guardia Civil, pero el Ayuntamiento de Jalance y la Generalitat Valenciana no se han pronunciado. Algunos análisis apuntan a que la UE no solo no se opone, sino que apoya este tipo de proyectos dentro de su estrategia de energías renovables. La pregunta que flota: ¿de qué sirve plantar si luego se arranca para poner placas? Un lector señalaba que cortar un pino en una finca particular puede acarrear multas millonarias, mientras que aquí se eliminan treinta hectáreas de bosque público o comunal sin que parezca importar.
El detalle botánico de la discordia
Un apunte técnico añade capas a la polémica: algunos expertos dudan de que lo talado fueran encinas. La encina es un árbol perennifolio, no caducifolio, y en la foto que ilustra la noticia se ven árboles con hojas amarillas, típicas de quejigos o especies similares. Si son quejigos, la discusión cambia de especie, pero no de fondo: se ha destruido una masa forestal joven, plantada con dinero europeo, para instalar infraestructura solar.
La pregunta final es inevitable: en un país donde la burocracia puede paralizar una obra durante años, ¿cómo se ha autorizado en tiempo récord talar un bosque financiado por Bruselas? La respuesta, si la hay, no ha llegado.