Polymetal se desploma un 35% y los inversores buscan salida
¿Qué pasa cuando una minera de oro y plata con sede en Londres y activos en Rusia se convierte en el epicentro de un conflicto armado? Polymetal International, cotizada en la Bolsa de Londres (LSE) bajo el ticker POLY, se dejó un
35% en una sola sesión tras la escalada en Ucrania. La compañía emitió un comunicado urgente el
24 de febrero de 2022 confirmando que todas sus operaciones continuaban, pero el mercado no esperó a leer la letra pequeña. En minutos, el valor pasó de ser una apuesta cómoda por el oro a un problema logístico, legal y reputacional.
El desplome del 35% en la Bolsa de Londres
La caída no fue un simple bache. En apenas unas horas, el precio de Polymetal se despeñó hasta un
-56,8% en los peores momentos de la jornada, según los datos que se cruzaban en las mesas de operaciones. Los inversores minoristas, muchos con posiciones pequeñas en fondos indexados o carteras de dividendos, se encontraron con que su exposición a una minera de oro se había transformado en una exposición a un país en guerra. La reacción fue dispar: unos compraron en el pánico, otros intentaron vender sin éxito.
«Compré el jueves cuando estaba a -38%. El viernes subió +17%. Veremos el lunes. Esto aún es muy volátil», relataba un inversor que había apostado por el rebote. La volatilidad se convirtió en el único activo fiable.
El oro sube, la minera baja: la paradoja dejó a más de uno mirando la pantalla sin entender nada.
Por qué una minera de oro se hunde cuando el oro sube
La respuesta está en la geografía. Polymetal es una compañía
anglo-rusa con minas en Rusia y Kazajistán. La escalada militar activó todas las alarmas: sanciones, bloqueo de pagos, expropiaciones y, sobre todo, la imposibilidad de operar con normalidad en un mercado que se cierra por momentos. El comunicado de la empresa, difundido a las 14:31 hora de Moscú, intentaba calmar los ánimos asegurando que «todas sus operaciones» seguían en marcha. El mercado lo interpretó como un gesto desesperado.
Hay quien sostiene que la caída es una sobrerreacción típica de un mercado que no sabe valorar el riesgo político. En contra pesa el argumento de que una empresa con activos en un país sancionado puede ver bloqueados sus dividendos, sus cuentas y hasta su capacidad de vender producción. La pregunta no es si Polymetal vale menos, sino cuánto menos.
El dividendo, la gran incógnita
Para los inversores que compraron buscando rentas, el dividendo se convirtió en el centro del debate. «¿Lo cobraremos los inversores extranjeros o nos joderán por ser semi-ruski?», se preguntaba uno de los participantes. La compañía solía pagar una parte en mayo, pero con el desliste de Londres en el horizonte y la migración de acciones a la bolsa de Astaná (Kazajistán), la incertidumbre es total. Los que compraron a
2,80 euros con comisiones incluidas se aferran a la esperanza de cobrar. Los que entraron a
4 euros ya asumen que su dinero está en el limbo.
La solución que algunos exploraron —abrir cuenta en brókers kazajos como Tabys o Freedom Finance— se topó con barreras idiomáticas, códigos SMS que no llegan a España y transferencias que tardan semanas. «Al final es obvio que esto de que las cuentas sean ómnibus es una puta mierda. A los efectos no somos dueños de ninguna de nuestras posiciones», sentenciaba un inversor que vio desaparecer el ticker POLY de su cartera.
El laberinto burocrático de las acciones bloqueadas
El problema no es solo el precio. Es la propiedad. Las acciones de Polymetal cotizadas en Londres quedaron bloqueadas para los inversores minoristas, que solo podían vender, no comprar. Mientras tanto, los grandes fondos institucionales tenían vía libre para adquirir a precios de derribo. La asimetría generó indignación: «A los simples mortales no nos dejan comprar acciones rusas a precios de liquidación, solo venderlas. Pero curiosamente a los de BlackRock sí les permiten comprar esas mismas acciones», denunciaba un participante.
La migración a la bolsa de Astaná se presentó como la única salida, pero el proceso es un calvario. Se habla de
18 meses de bloqueo, de desliste de Londres y de una separación de activos rusos y kazajos. El precio objetivo, que antes se situaba entre
1.200 y 1.800, se revisó a la baja hasta los
500. Los que compraron cerca de
600 ven cómo su inversión se convierte en un experimento de paciencia forzada.
La guerra de narrativas: ¿oportunidad o trampa?
El debate se dividió en dos corrientes. Una, la de los que ven una oportunidad histórica: «Si Putin respeta, solo con los dividendos se paga en tres años», calculaba un inversor. Otra, la de los que creen que el capitalismo de mercado solo funciona cuando no hay riesgo real: «Hacen como que te dejan participar en el juego, pero cuando empiezas a ganar, recogen el tablero y se largan con tu dinero», resumía otro.
La discusión derivó hacia la figura del gestor del fondo que muchos tenían en cartera. Un fondo value español que incluía Polymetal entre sus posiciones se convirtió en el centro de las críticas. «Poco me parece cuando el gestor del fondo es quien es, con el perfil que tiene», señalaba un participante. La defensa no tardó: «Fue piloto de aviones y tiene formación en inversión. Polymetal cayó por la guerra de Ucrania. Basta con ver lo que le ocurrió a Paramés con Arytza para no volver a fiarse de supergurús». La comparación con el
value investing patrio quedó flotando en el aire.
Al final, la historia de Polymetal es la de un activo que parecía sólido y se convirtió en un jeroglífico. Los que compraron barato rezan por cobrar dividendos. Los que se quedaron atrapados en brókers ómnibus descubren que su propiedad era una ficción legal. Y mientras tanto, el oro sigue subiendo. Ironía seca: el metal precioso brilla, pero la minera que lo extrae se apaga.