Rusia avanza 400 metros hacia una ciudad de 25.000 habitantes: ¿ofensiva de manual o sacrificio inútil?
Las fuerzas rusas han logrado avanzar 400 metros hacia las afueras de una localidad ucraniana que en tiempos de paz albergaba a 25.000 personas. El dato lo han difundido fuentes castrenses con tono triunfalista, bautizándolo como "blyatkrieg". Pero el botín territorial, comparado con el coste humano y económico, dibuja un panorama bien distinto.
El avance, según los reportes, se ha producido en la zona de Jannivka, un asentamiento que apenas contaba con 200 habitantes antes de la guerra. La operación ha requerido "abonar el suelo con miles de cadáveres rusos" y ha consumido el 40% del gasto público ruso dedicado a la guerra. No es un caso aislado: la estrategia de desgaste recuerda a la Primera Guerra Mundial, pero con drones.
El coste demográfico del avance territorial
Las cifras que manejan los analistas son demoledoras. Se estima que Rusia ha perdido entre muertos y heridos graves el 1% de su población masculina en edad de trabajar. A cambio, ha logrado ocupar un 0,05% adicional del territorio ucraniano. La ecuación es simple: por cada metro ganado, decenas de vidas y millones de euros. El saldo neto de población rusa disminuye en 600.000 personas al año, mientras la economía se resiente.
Frente a esta lectura, hay quien defiende que Rusia ha anexionado 110.000 km² de Ucrania sin arrasar ciudades enteras, comparándolo con la extensión de Andalucía. Sin embargo, ejemplos como Bajmut, Mariúpol o Avdivka muestran urbes reducidas a escombros. La reconstrucción, cuando se produce, se hace con población traída de Asia Central.
El dilema de la guerra de posiciones
La ofensiva se produce mientras el frente de Kupiansk permanece congelado. La logística rusa, alargada hasta el límite, provoca "masacres" en los corredores de tierra. Mientras, la UE financia con miles de millones la resistencia ucraniana y los ataques a la infraestructura petrolera rusa. La amenaza nuclear rusa, recurrente, es leída por algunos como síntoma de debilidad, no de fortaleza.
El debate se reduce a una pregunta incómoda: ¿merece la pena cambiar población por escombreras y patatales minados? La historia militar podría calificar la anexión de 110.000 km² como una proeza, pero el coste demográfico y económico la convierte en una victoria pírrica. El dato que descoloca: el 40% del presupuesto ruso se va en una guerra que avanza 400 metros cada vez.