La factura de los baños cerrados: cuando la pandemia dejó a Charo sin opciones
La pandemia dejó una secuela que ningún indicador macro recoge: la eliminación masiva de baños públicos en establecimientos comerciales. Un video recientemente rescatado muestra a una mujer, Charo, que ante la imposibilidad de usar el baño de un supermercado –cerrado por protocolos COVID– termina defecando en un rincón. El incidente, que data de hace aproximadamente cuatro años, vuelve a poner sobre la mesa los costes ocultos de las decisiones tomadas en emergencia.
Baños cerrados, externalidades abiertas
Durante los primeros meses de la pandemia, muchos supermercados clausuraron sus aseos públicos bajo el argumento de reducir la propagación del virus. La medida, adoptada sin estudios de impacto, generó una externalidad negativa: ciudadanos que, ante la urgencia fisiológica y sin alternativas cercanas, recurren a prácticas insalubres. El video de Charo es solo un ejemplo que circula desde entonces, pero su persistencia en Internet sugiere que el fenómeno no fue aislado.
Los costes para el comercio no son menores: limpieza extraordinaria, pérdida de reputación y posible responsabilidad legal. Sin embargo, ningún análisis oficial ha cuantificado el ahorro teórico frente al coste real de mantener los baños operativos con medidas de higiene reforzadas.
Un debate que no caduca
Quienes defienden las restricciones argumentan que salvaron vidas y que el incidente es anecdótico. Pero la recurrencia del debate sugiere otra cosa: la percepción de que la medida fue desproporcionada y no consideró la dignidad básica de los usuarios. El video, además, se ha compartido con connotaciones que van desde la crítica a la gestión sanitaria hasta el menosprecio hacia la persona afectada, lo que desvía el foco del verdadero problema: la carencia de infraestructura accesible.
Con la pandemia convertida en recuerdo para muchos, los baños de supermercados han vuelto a abrirse en su mayoría. Pero el incidente de Charo, y otros similares, quedan como testigos de que las decisiones de emergencia tienen consecuencias que ningún dato macro captura. Mientras la economía olvida los costes ocultos, vídeos como este seguirán resurgiendo cada cierto tiempo, recordando que cerrar un baño también tiene un precio.