Ansia viva en los supermercados: por qué la apertura de una caja nueva es una estampida
La escena se repite a diario: suena el timbre de una nueva caja y, como por ensalmo, varios clientes se lanzan en estampida. Algunos abandonan su cola original, otros corren literalmente. Es el fenómeno del «ansia viva», una mezcla de urgencia por ahorrar unos segundos y competitividad social que convierte la compra en un ring.
La técnica de la pareja en dos colas: ¿estrategia o trampa?
Una de las tácticas más comentadas es la de las parejas que se dividen en dos filas distintas con varios productos. Mientras uno avanza en una cola, el otro aguanta en la segunda; cuando una se mueve más rápido, el otro se cambia con disimulo. El resultado es que quienes esperan ordenadamente ven cómo alguien se cuela de facto. Una práctica difícil de fiscalizar y que alimenta la sensación de injusticia.
Autopago: ¿la solución que no termina de llegar?
En Reino Unido, el autopago ha reducido estos conflictos al eliminar las colas tradicionales. En España, su implantación es parcial y genera debate: los usuarios mayores tienen dificultades con las máquinas y algunas cadenas, tras probarlo, han vuelto a los cajeros humanos. Mercadona y Carrefour, con su apuesta por el personal en caja, registran menos incidentes según los testimonios, pero también colas más largas.
La sociología del ansia viva: del reality a la cola del súper
Hay quien relaciona este comportamiento con la cultura del «yo primero» que impregna la televisión basura y las redes sociales. La urgencia de destacar, de no perder ni un segundo, se traslada al pasillo del supermercado. Otros señalan un problema de civismo básico, agravado por el ritmo de vida acelerado. En Japón, una conducta así podría acabar con la policía; aquí, de momento, solo genera resoplidos.
Lo cierto es que el ansia viva es un termómetro social: cuando la compra se convierte en una carrera, algo falla en la forma de compartir el espacio público.