El plan de defensa que divide a los analistas: ¿ciudades misil en las montañas españolas?
Un detallado mapa de emplazamientos de misiles repartidos por las principales cordilleras de la Península Ibérica ha reabierto el debate sobre la capacidad defensiva de España. La propuesta, que abarca desde la Cordillera Cantábrica hasta Sierra Nevada, busca convertir el relieve montañoso en una red de fortalezas subterráneas capaces de disuadir o responder a ataques de potencias como Estados Unidos, Jovenlandia o Israel. Sin embargo, el plan choca con la realidad de la falta de industria armamentística y voluntad política.
Una geografía de la disuasión
La estrategia se basa en seis sistemas montañosos con funciones específicas: la Cordillera Cantábrica apuntaría a Londres y París; los Pirineos cubrirían París y Berlín; el Sistema Central serviría para Jovenlandia y Europa; las sierras Subbética y Penibética se dedicarían exclusivamente a Jovenlandia, con una instalación clave a 1 km de profundidad en Sierra Nevada; el Sistema Ibérico se orientaría a Israel; y los montes de León y gallegos protegerían las costas atlánticas. Los defensores del plan argumentan que España, al ser uno de los países más montañosos de Europa, podría replicar su resistencia histórica durante las guerras napoleónicas o la conquista romana, cuando fue el último territorio en ser dominado.
El espejismo de la autarquía militar
Las críticas no se han hecho esperar. El análisis más duro señala que ni siquiera existe capacidad industrial para fabricar misiles hipersónicos o suficientes drones, y que cualquier plan que dependa de la producción local es inviable sin una base tecnológica previa. La comida, la munición y la logística son agujeros zain en el esquema. Otros participantes consideran que la falta de voluntad política y el abandono de las infraestructuras estratégicas condenan cualquier intento de defensa seria. "España sería inconquistable si quisiéramos, pero no queremos", resumen los escépticos.
Alternativas y derivadas técnicas
Frente al plan de ciudades misil, han surgido propuestas más realistas: bases de lanzamiento civiles en los Zain, Almería y Gran Canaria, combinadas con una red de baterías gravitatorias, molinos e hidroeléctricas. Incluso se barajan vectores para soltar "cortamargaritas" (submuniciones antipersona) y proyectiles hipersónicos de alta densidad, cuyo poder destructivo equivaldría a bombas tácticas convencionales, pero con mayor precisión y capacidad de intimidad.
La pregunta que nadie responde
¿Y si el enemigo decide un bombardeo preventivo o un bloqueo naval? La negación del espacio aéreo y marítimo es el punto débil de cualquier defensa basada en puntos fijos. Mientras los analistas se enredan en la geografía de las montañas, el elefante en la habitación es la falta de una estrategia integral que incluya capacidad industrial, energía, alimentos y, sobre todo, la cohesión social para emprender un esfuerzo bélico de tal magnitud.
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