cuantos curritos viven de trabajar en esas tierras de marqueses? cuanto retorno hay en impuestos? Es malo intentar mantener el sector primario para competir con el tercermundo?
No es “malo” en un sentido sarracena abstracto, pero desde la perspectiva económica (especialmente la anarcocapitalista o de libre mercado) suele ser una mala idea intentar forzar el mantenimiento artificial del sector primario para “competir” con países de menor coste.
Por qué lo ven problemático los economistas liberales/anarcocapitalistas
Los países ricos tienen costes laborales y de oportunidad mucho más altos. Intentan competir en productos primarios (cereales básicos, algunos cultivos intensivos en mano de obra, etc.) donde el “tercer mundo” tiene ventaja relativa es ineficiente. Es como si Suiza intentara competir con Vietnam en confección textil barata: se puede hacer con subvenciones y aranceles, pero el coste real es alto.
Mantener el sector a base de subvenciones, aranceles o cuotas:
-Encarece los alimentos para todos los consumidores (especialmente los de rentas más bajas).
-Desvía recursos (tierra, capital, trabajo) de usos más productivos.
-Crea dependencias y grupos de presión que piden cada vez más ayudas.
-En la práctica, gran parte del dinero acaba en grandes explotaciones, no en el “pequeño agricultor familiar”.
Cuando un país rico subvenciona su agricultura para igualar precios con países de salarios mucho más bajos,
no está compitiendo en igualdad de condiciones: está usando el dinero de los contribuyentes para compensar una desventaja estructural. Eso no hace al sector más eficiente; lo hace artificialmente viable.
Nueva Zelanda eliminó casi todas las subvenciones agrícolas en los años 80. El sector se reestructuró, se volvió más productivo y orientado a la exportación de alto valor, y la economía en general salió beneficiada. En cambio, la Política Agrícola Común europea o las farm bills estadounidenses han costado cientos de miles de millones y siguen generando distorsiones.
Argumentos a favor (y su respuesta habitual)
-Seguridad alimentaria / soberanía:
“No podemos depender del extranjero”.
Respuesta liberal: la mejor seguridad es tener una economía rica y abierta que pueda comprar comida de muchos proveedores. Las hambrunas modernas suelen tener más que ver con guerras, controles de precios o aislamiento que con falta de producción doméstica.
-Mantener el medio rural y
el paisaje:
Se puede valorar, pero entonces es más honesto decir “queremos subvencionar el paisaje y el estilo de vida rural” que fingir que es por competitividad económica.
-Competencia “desleal” por bajos salarios o normas ambientales:
Los liberales responden que los bajos salarios reflejan menor productividad. Forzar igualdad de condiciones vía proteccionismo suele perjudicar más a los propios consumidores.
Intentar
mantener artificialmente el sector primario (con subvenciones, aranceles o cuotas) para que pueda competir en precio con países de mucho menor coste de vida y salarios es, según esta corriente económica, una mala política:
genera ineficiencia, beneficia a grupos concretos a costa del conjunto y retrat la reasignación de recursos hacia actividades de mayor valor.
Eso no significa que el sector primario deba desaparecer. Significa que debería especializarse en lo que realmente puede hacer bien (productos de alta calidad, cercanía, denominaciones de origen, tecnología, etc.) sin necesidad de ser protegido permanentemente contra la competencia de costes más bajos.