Feministas vs Torbe: por qué se niegan al debate cara a cara
El caso de Natxo Allende, más conocido como Torbe, ha puesto sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿por qué las principales figuras del feminismo rehúyen el debate público con un hombre al que consideran un símbolo de la explotación sexual? La respuesta, sin embargo, no es tan obvia como parece.
La falta de legitimidad como excusa
Uno de los argumentos que más se repiten es que debatir con alguien que ha tenido problemas legales graves y cuya carrera se basa en la industria del cine adulto sería blanquear su imagen o darle una plataforma inmerecida. Muchos sectores del feminismo sostienen que no se puede dialogar con quien representa exactamente lo que combaten. A esto se suma la diferencia de lenguajes: mientras el discurso feminista se mueve en la sociología y los derechos humanos, el de Torbe apela al libertarismo individual y la provocación.
¿Miedo o estrategia?
La otra cara de la moneda es la percepción de que las activistas temen ser superadas dialécticamente por un personaje que sabe explotar los resortes de la polémica y que, además, cuenta con el argumento de la voluntariedad de las mujeres que participan en sus vídeos. Quienes defienden esta postura consideran que Torbe es escurridizo y que un debate público solo le daría munición para su relato. Sin embargo, también hay quien opina que negarse a debatir es un error táctico que deja el campo libre a su versión de los hechos.
En cualquier caso, la decisión de no confrontar cara a cara responde a una mezcla de principios y cálculo político. De momento, el silencio sigue siendo la estrategia dominante. Y mientras no se produzca un careo, cada bando podrá seguir contando su propia versión.