El caso Lindsay Clancy: solidaridad que divide al feminismo
Tres hijos muertos y una mujer acusada de matarlos convertida en símbolo para una parte del
feminismo. La lógica de la empatía selectiva produce paradojas incómodas: según las publicaciones que circulan, algunos gestos de apoyo a Lindsay Clancy habrían llegado con vídeos de madres tratando con dureza a sus propios hijos. Bienvenidos al escaparate de la defensa del infanticidio.
La patologización selectiva como coartada
La polémica enfrenta dos lecturas. Una sostiene que la acusada actuó bajo un cuadro de alteración mental sobrevenida; otra, que la sociedad busca atenuantes cuando la criminal es mujer y madre. La comparación con los juicios de Salem ha sobrevolado la discusión: el pánico moral que convierte a una acusada en verdugo o víctima según convenga. Hasta donde llega el argumento contrario, la patologización selectiva exime a quien comete lo inexcusable.
El aborto entra en la ecuación
El eje más explosivo del caso enlaza la solidaridad con la defensa del aborto: si la vida prenatal se relativiza, el siguiente paso sería comprender a quien la elimina después del parto. Es una reducción deliberadamente provocadora, pero ha logrado trasladar el debate del caso concreto a una supuesta coherencia ideológica.
La pregunta que queda flotando es simple: si la presunta autora de la muerte de tres niños recoge más empatía que los niños, ¿qué está midiendo realmente esa solidaridad? El caso sigue abierto.