El precio del kebab se queda congelado ante una inflación del 30%
En plena escalada de precios, el kebab se ha convertido en la excepción que desmonta el IPC. En el barrio madrileño de Tetuán, el Real Estambul vende su producto a 3,50 euros, solo veinte céntimos más que en 2014. La subida acumulada del 6,1% contrasta con el 30% de la inflación general y con el 44% que registran los restaurantes. ¿Cómo se explica esta anomalía?
Las teorías sobre el precio congelado
Los análisis barajan varias hipótesis. La más obvia es la calidad del producto: ingredientes de bajo coste y relleno abundante permiten mantener el margen. La más incómoda apunta a la economía sumergida: pagos en efectivo no declarados, facturación minimizada y, en algunos casos, la convivencia de los trabajadores en el propio local. De hecho, un caso conocido habla de un kebab en el que viven ocho personas para ahorrar el alquiler de una vivienda.
La duda del blanqueo de capitales
Otra corriente sostiene que estos establecimientos sirven para lavar dinero negro. Hacienda, sin embargo, puede cruzar las facturas de compra de carne con las ventas declaradas, lo que limitaría el margen de maniobra. Quienes defienden la teoría del lavado aseguran que la resistencia a pagar con tarjeta es una pista; los escépticos responden que es una práctica habitual en la hostelería.
Un misterio sin resolver
La pregunta sigue abierta. Si fuera solo calidad, el mercado castigaría al producto. Si fuera blanqueo, la intervención sería inminente. Mientras tanto, el kebab se mantiene como un ancla de precios en plena tormenta inflacionaria. Y por ahora, nadie ha dado con la respuesta que cierre el caso.