Desigual: 100 euros por una sudadera y una etiqueta
Una sudadera cuesta 100 euros. Unos vaqueros, 120. Una chaqueta, 180. Para varios participantes en el debate, en Desigual el precio no lo pone la tela; lo pone lo que se ve al salir a la calle con ella puesta. La firma vive, según se comenta, de un diseño que se sale de lo normal —colorinchis a tutiplén— y de una etiqueta que se asocia sola a esa franja de precio. La duda que sobrevuela cada escaparate es la de siempre: ¿es calidad o es solo percepción?
¿Por qué es tan cara la ropa de Desigual?
La explicación más repetida no habla de algodón ni de costuras. Habla del
efecto marca: se paga por que te vean con sus prendas. La etiqueta que pone Desigual es, en la práctica, el producto. Alguno lo despacha sin rodeos —porque hay gente que lo paga— y ahí está la clave del negocio: mientras el comprador dé por hecho que precio alto equivale a algo mejor, la firma sostiene el margen sin tocar la tela.
El mito de Inditex y la calidad que se apaga
Circula una confusión recurrente: que detrás está
Inditex y la hija de Amancio Ortega. Se trata de una afirmación sin respaldo; Desigual no pertenece al grupo de Arteixo, por mucho que el rumor viaje de boca en boca. Lo que sí recogen las críticas es un deterioro: quien compraba hace veinte años sostiene que aquella calidad no es la de ahora
ni por asomo. Frente a eso, otros defienden lo contrario, que lo barato da peor resultado y que en el armario guardan camisas de marca con más de dos décadas encima.
Si el precio lo justifica la marca y no la costura, ¿cuánto pagaría el cliente si la etiqueta desapareciera? Es la prueba que ninguna firma quiere hacer en público.