Mónica Oltra, imputada por encubrir abusos a una menor tutelada
Trece personas más, además de la vicepresidenta valenciana Mónica Oltra, aparecen imputadas por ocultar los abusos del exmarido de esta a una niña tutelada de 14 años, según un cálculo que circula en el debate. Once son mujeres y dos hombres, y todos son funcionarios de la Consejería de Igualdad valenciana. El caso, según los mensajes, se conocía en Valencia desde 2017 y no dio el salto a los medios nacionales hasta ahora. Y mientras el foco apunta a Compromís, la pregunta que sobrevuela el asunto es otra: ¿por qué la ministra de Igualdad no dice nada sobre Oltra?
El silencio de la ministra de Igualdad ante el caso Oltra
La ministra de Igualdad no ha pronunciado una palabra sobre la imputación de Mónica Oltra, según los mensajes del debate. Tampoco lo han hecho otros cargos del ramo, según esos mensajes. El contraste es llamativo: cuando el caso afectaba a la derecha, las mismas voces pedían responsabilidades políticas sin esperar a la sentencia. Ahora, con una consejera de Igualdad imputada por encubrir abusos a una menor tutelada, el silencio es absoluto.
Hay quien sostiene que la ministra está obligada por el código ético de su partido, el mismo que en su día exigía dimisiones inmediatas ante cualquier imputación. En contra pesa el argumento de que Oltra no es de Podemos, sino de Compromís, y que ese código no le aplica. El matiz es real, pero no explica por qué nadie del Ministerio de Igualdad ha dicho esta boca es mía.
El caso que se conocía en Valencia desde 2017
El caso no es nuevo. En Valencia se conocía desde 2017, según los mensajes que circulan. El exmarido de Oltra fue condenado a cinco años. La propia Oltra está imputada, no condenada. Trece personas más, once mujeres y dos hombres, todos funcionarios feministas de la Consejería de Igualdad valenciana, también están imputadas por ocultar los abusos.
La fiscal del caso, Teresa Gisbert, es una experta en menores con perfil progresista, fue azote de la corrupción del PP y es nieta del último alcalde republicano de Valencia, según un mensaje del debate. No es, precisamente, el perfil de una ultraderechista en campaña contra la izquierda. Ese detalle desmonta el relato del lawfare que algunos intentan colar.
La doble vara de medir en las imputaciones políticas
La comparación es inevitable. Cuando la señora Barberá fue imputada, se dijo que no estaba en condiciones de seguir siendo alcaldesa. Cuando la imputación es de Mónica Oltra, se sostiene que no afecta en absoluto al Gobierno valenciano. La misma vara, distinta medida.
El caso de Igualada, el de la chica iraní, el de las menores tuteladas en Baleares: todos sirven para lo mismo. Unos casos se convierten en bandera y otros se entierran. La coherencia no es el fuerte de nadie, pero la asimetría en este caso es difícil de justificar.
Las menores tuteladas y el negocio que nadie investiga
Más allá del caso concreto, hay un asunto de fondo que se repite: el negocio en torno a las tutelas de menores. Las redes de contactos que prostituían a menores tuteladas en Baleares, ocultas durante un año por el Gobierno balear, son solo la punta del iceberg, según un mensaje del debate. Nadie con medios independientes parece dispuesto a investigarlo a fondo.
El
feminismo institucional, ese que grita «hermana, yo sí te creo» cuando conviene, guarda silencio cuando la imputada es de los suyos. Es la podredumbre política de la que hablan algunos: no un movimiento reivindicativo, sino una estructura de poder que protege a los suyos.
El indulto que algunos ya dan por hecho
Si Oltra es condenada y Antonio sigue en el poder con la caterva que le acompaña, el indulto es seguro. La frase resume el escepticismo de buena parte del debate. No es una predicción, es una sospecha fundada en la práctica política reciente.
Mientras tanto, la ministra de Igualdad sigue sin decir nada. Ni una palabra sobre las trece personas imputadas por ocultar abusos a una niña de 14 años. Ni una palabra sobre la consejera de Igualdad valenciana. El silencio, en política, también es una declaración.
La pregunta no es por qué la ministra calla. La pregunta es cuánto tiempo puede callar sin que alguien le pregunte por qué.