Lleida y Ourense: la rendición lingüística que nadie explica
¿Por qué un español dice ahora “Lleida” y “Ourense” cuando habla en castellano? Durante siglos fueron “Lérida” y “Orense”, y el cambio se ha colado en los mapas y en la documentación oficial sin apenas debate. Lo curioso es que nadie lo explica del todo. Unos lo ven como un acto de respeto lingüístico; otros, como la decisión más cobarde de la política española.
El miedo al sambenito de facha
La explicación política tiene nombre propio: el miedo al “facha”. Quien emplea el topónimo tradicional se expone a ser tildado de españolista rancio. Y en ese pulso, ni el PSOE ni el PP quieren mojarse. El primero necesita los votos del nacionalismo; el segundo, no darle munición a sus adversarios. Resultado: una rendición preventiva, como sugiere más de un análisis.
La asimetría de los topónimos
Hay, además, una inconsistencia que irrita. Los defensores de la oficialidad de los topónimos locales no dudan en llamar “Córdova” u “Osca” a ciudades españolas cuando usan su lengua, pero se escandalizan si un castellano pronuncia “Gerona” o “Lérida”. El argumento del Deutsch/Deutschland —que cada idioma tiene su exónimo— choca con la práctica real.
Al final, la batalla no es lingüística, sino identitaria. Y mientras tanto, el mapa sigue cambiando. La ironía es que, para algunos, decir “Lleida” se ha convertido solo en una forma de detectar al ganado: un test de sumisión ideológica.