La cleptomanía como excusa: el sesgo de género en los hurtos
La percepción social y el trato judicial hacia el hurto en tiendas varían según el género del acusado. Mientras una mujer puede ser etiquetada de cleptómana y tratada como enferma, un hombre suele ser considerado simple ladrón. Los datos clínicos y los sesgos sociales se entremezclan en un debate que pocos se atreven a plantear con datos.
¿Qué es la cleptomanía?
Clínicamente, la cleptomanía es un trastorno del control de los impulsos. Se caracteriza por hurtar objetos de escaso valor, sin motivación económica ni beneficio material. La persona podría pagarlos, pero no puede resistir el impulso. Es un diagnóstico reconocido en los manuales de salud mental, pero su prevalencia real es baja y suele asociarse más a mujeres en los estudios, lo que abre la puerta a un sesgo de confirmación.
El contraste con el hurto común
Cuando un hombre ropa en una tienda, la imputación es casi automática: delito contra la propiedad. Sin embargo, en el caso de las mujeres, el sistema judicial y mediático tiende a patologizar la conducta. No es infrecuente ver cómo una mujer acusada de hurtos leves es derivada a tratamiento psiquiátrico mientras un varón con el mismo patrón recibe una condena penal. La sospecha de que existe un doble rasero recorre el debate público.
Ejemplos que alimentan la controversia
El caso de la filicida calificada como “suicida ampliada por compasión” o el de la secuestradora indultada son citados como pruebas de un trato preferente hacia las mujeres en el sistema penal. También se menciona la figura de Cristina Cifuentes, aunque su caso es político. Los críticos argumentan que se invisibiliza la responsabilidad bajo un paraguas de victimismo y patología. Por el contrario, hay quien defiende que la cleptomanía es un trastorno real y que no todas las mujeres que roban reciben ese diagnóstico; el perfil suele ser diferente al de la ladrona profesional.
Un debate sin datos desglosados
Lo cierto es que no existen estadísticas oficiales que crucen sentencias por hurto con género y diagnóstico psiquiátrico. Mientras tanto, el relato de que “a la mujer se la blanquea” choca con el de que “la cleptomanía es una enfermedad y debe ser tratada como tal”. La tensión refleja un malestar social más amplio sobre la igualdad ante la ley que, por ahora, no tiene una respuesta concluyente.