Por qué Sánchez no deflacta el IRPF: el fisco gana mientras el bolsillo pierde
Con la inflación acumulada en dos dígitos, el Gobierno de Pedro Sánchez ha optado por no ajustar los tramos y mínimos del IRPF. La decisión tiene un nombre técnico: progresividad en frío. Los salarios suben en euros corrientes para seguir el IPC, pero al saltar a tramos impositivos superiores, la presión fiscal crece más que la renta real. El resultado es un aumento de la recaudación sin necesidad de subir tipos: puro efecto automático, sin pasar por el Congreso.
El mecanismo del 'robo silencioso'
Deflactar el IRPF consiste en actualizar los umbrales de cada tramo y los mínimos personal y familiar según la inflación. Si no se hace, un trabajador que en 2021 ganaba 30.000 euros y en 2023 recibe 33.000 para mantener el poder adquisitivo, paga un tipo marginal más alto aunque su capacidad real no haya cambiado. Hacienda embolsa la diferencia. Varias comunidades autónomas han deflactado su parte del impuesto; el Gobierno central, no.
Tres razones para no hacerlo
Los argumentos que circulan en el análisis económico son variados. El primero: necesidad recaudatoria. Sin presupuestos generales prorrogados, el Ejecutivo maneja los ingresos discrecionalmente mediante decretos. Cuanto más recaude sin subir tipos, menos necesita negociar. El segundo: ideología. Para cierto sector, la progresividad real del IRPF es una herramienta de redistribución: dejar de deflactar equivale a una subida de impuestos implícita que afecta más a las rentas medias-altas. El tercero, el más cínico: la inacción por defecto. Mientras la oposición no lo exija con fuerza, el coste político de no hacer nada es menor que el de explicar una bajada de impuestos a su base.
La ironía de la 'creación de riqueza'
Hay quien apunta, con sorna, que si la inflación sigue y el IRPF no se deflacta, dentro de unos años todos los contribuyentes tributarán en los tramos más altos y, nominalmente, serán 'ricos' sobre el papel. Una manera peculiar de repartir riqueza que consiste en empobrecer al contribuyente mientras Hacienda sonríe. El debate sigue abierto: los datos son tozudos, pero la voluntad política se mide en los Presupuestos que no llegan.