ThinkPad de segunda mano o tablet china: el dilema del consumo responsable
A finales de 2014, cuando las tablets Windows chinas empezaban a inundar el mercado por poco más de 100 euros, un usuario se preguntaba si merecía la pena gastarse 30 euros en un ThinkPad de hace una década o decantarse por un dispositivo moderno. La pregunta, aparentemente trivial, esconde un debate sobre qué entendemos por "gasto inteligente" en tecnología.
Las cifras: 42 euros por un Pentium III
Un ThinkPad A22m con Pentium III a 1 GHz y 512 MB de RAM se subastaba por 42 euros con gastos de envío. Frente a él, una tableta china con procesador Intel de cuatro núcleos y pantalla retina costaba unos 130 euros. La diferencia de precio es notable, pero también la de capacidades: el portátil, aunque viejo, permite producir (escribir, programar) y es expandible; la tableta, más rápida, está limitada al consumo de contenido.
Las trampas: baterías muertas y procesadores lentos
Los conocedores advierten: la batería de un ThinkPad de esa edad probablemente no dura ni cinco minutos, las teclas pueden fallar y el rendimiento es justo para navegar. En cambio, las tablets chinas baratas montan a menudo procesadores Mediatek, lentos incluso para tareas básicas. La opción intermedia, una Nexus 7 de segunda mano, aparece como recomendación sensata.
Obsolescencia programada: el factor invisible
Otro hilo conductor es la acusación a Apple de forzar actualizaciones que ralentizan los dispositivos. Mientras, los ThinkPad viejos siguen funcionando con Linux ligero, e incluso se reacondicionan con BIOS libres. La moraleja: lo barato puede salir caro, pero lo viejo no siempre es inservible.
El debate queda abierto: ¿30 euros por un trasto que puede requetefuncionar con Linux, o 130 por una tableta que dentro de dos años será un pisapapeles? La respuesta depende de lo que se quiera hacer y, sobre todo, de cuánto se esté dispuesto a mancharse las manos.