China mueve ficha en Ucrania con doce puntos y nadie se pone de acuerdo
Doce puntos, once de propina. El documento que Pekín presentó como «Posición de China sobre la Solución Política de la Crisis de Ucrania» arranca exigiendo respeto a la soberanía de todos los países y cierra pidiendo levantar las sanciones unilaterales. Entre medias, un menú que va del alto el fuego a la seguridad de las centrales nucleares, pasando por los corredores humanitarios y la exportación de cereales. La paradoja la resumió un lector con sorna: si los rusos cumplen el punto uno, «todos los demás son pan comido». El problema, claro, es que nadie cumple el punto uno.
El texto no es un plan de paz al uso. Es un
posicionamiento. Pekín no reparte culpas, no fija fronteras y no menciona ni una sola vez la palabra retirada. Eso, en un conflicto donde cada comunicado occidental empieza por exigir la salida rusa de todo el territorio ocupado, es toda una declaración de intenciones.
Qué dice exactamente el documento chino
Los doce puntos se pueden agrupar en tres bloques. El primero es de principios: soberanía, integridad territorial y rechazo al «doble rasero» en la aplicación del derecho internacional. El segundo es militar: abandonar la mentalidad de la Guerra Fría, cesar las hostilidades, reanudar el diálogo y reducir el riesgo estratégico, con mención expresa a que las armas nucleares no deben usarse ni amenazarse con usarlas. El tercero es humanitario y económico: proteger a civiles y prisioneros, garantizar la seguridad de las centrales nucleares, facilitar la exportación de cereales del Mar Negro y poner fin a las sanciones unilaterales no autorizadas por el Consejo de Seguridad.
El punto dos es el que más ampollas levanta. Habla de que la seguridad de un país no puede lograrse a expensas de la de otros y de que la seguridad regional no se consigue «mediante el fortalecimiento o la expansión de los bloques militares». Traducción libre: la OTAN. Para una parte del público, ahí está la madre del cordero. Para otra, es palabrería: Ucrania elige a sus amigos y a sus enemigos, y ese barco ya zarpó.
El punto que nadie discute: Ucrania no decide sola
Hay un consenso incómodo que atraviesa la conversación de arriba abajo. Ucrania no tiene autonomía real para sentarse a negociar. Se sostiene que solo lo hará cuando se lo indique Washington, y que Washington no tiene prisa. La hemeroteca se invoca con un episodio concreto: las conversaciones de marzo de 2022, cuando según esta versión las partes habrían llegado a un acuerdo y una visita del entonces primer ministro británico a Kiev habría servido para dinamitarlo. El dato no se verifica en el documento chino, pero circula como argumento central.
De ahí sale la conclusión más repetida: los doce puntos son papel mojado. No porque estén mal escritos, sino porque el actor que puede parar la guerra no está en la mesa. «Occidente es un bando del conflicto, no tiene ninguna posibilidad de actuar como mediador si eres parte de la guerra», resume una intervención que condensa el escepticismo general.
El gesto vale más que el texto
Aquí el análisis se parte en dos. Para unos, Pekín entra en el juego como posible mediador por primera vez y eso, en sí mismo, es noticia. China solía mantenerse al margen en este tipo de conflictos. Ahora pone su nombre encima de la mesa y se ofrece como interlocutor. «Como logre sentar en una mesa a los dos, será una sacada diplomática que se va a oír hasta en Saturno», apunta una intervención.
Para otros, el gesto es puro interés propio. China también barre para casa: por coherencia con su propia posición sobre Taiwán no puede mostrarse favorable a trocear Ucrania, y necesita justificar su neutralidad ante un mundo que no es ni europeo ni estadounidense. Dos tercios del planeta, se recuerda, no están alineados con Bruselas ni con Washington.
El doble rasero como acusación cruzada
El punto diez, el de las sanciones unilaterales, es el que más munición da. Se argumenta que quien exige respetar la soberanía ajena debería empezar por casa, y ahí salen a relucir precedentes de intervenciones militares de las últimas décadas que redefinieron fronteras sin que nadie moviera un dedo. La línea roja, se sostiene, no es la invasión: es quién la comete. «Lo chocante es que esta vez no es la OTAN ni Estados Unidos el que revienta países, sino un aliado de la OTAN», resume una intervención que ha cosechado respaldo.
La respuesta desde el otro lado es simétrica: China tiene sus propios contenciosos territoriales y su propio expansionismo, así que lecciones, las justas. El intercambio se convierte en un partido de tenis donde cada golpe devuelve el anterior. Nadie gana. Nadie cede.
El coste económico: la guerra que sí toca el bolsillo
Entre tanta geopolítica, aparece el argumento que más une: esto cuesta dinero. Se habla de inflación persistente, de cadenas de suministro rotas y de un desgaste económico que no distingue bandos. La pregunta que flota es por qué nadie con poder real parece tener incentivos para parar. La industria de defensa, los presupuestos militares y la reconfiguración energética tienen ganadores claros. Los perdedores, como siempre, pagan la factura en la cesta de la compra.
El punto nueve, el de los cereales, conecta directamente con eso. La Iniciativa de Cereales del Mar Negro firmada por Rusia, Türkiye, Ucrania y la ONU aparece en el documento como ejemplo de lo que sí se puede acordar cuando hay voluntad. Es el único punto donde el texto chino señala un éxito concreto en lugar de un principio abstracto.
Y ahora qué
El documento no fija plazos, no designa garantes y no menciona retiradas. Es una declaración de posición, no una hoja de ruta. Quien espere un calendario de desescalada se va a quedar esperando. Quien vea en el texto un movimiento de Pekín para posicionarse como potencia global del siglo XXI, tendrá argumentos para sostenerlo.
Lo único claro es que los doce puntos han servido para algo que no estaba en el guion: dejar retratado a todo el mundo. A los que exigen soberanía y la violan. A los que piden paz y mandan armas. A los que se sientan a negociar y luego se levantan. ¿Alguien se atreve a firmar los doce puntos enteros, sin tachones?