El estudio de Torremolinos que pasó de 60.000 a 90.000 € en dos años
Un estudio en Torremolinos que en enero de 2023 se ofertaba por
60.000 euros se vendía en enero de 2025 por 90.000. La obra nueva de
47 metros cuadrados en Getafe sale a 260.000 euros más impuestos. En Zaragoza capital, las viviendas anunciadas a la venta han pasado de más de 4.000 a 2.187. Con esas tres referencias sobre la mesa, el
precio de la vivienda en España vuelve a la pregunta clásica: ¿queda recorrido o esto pincha de una vez?
La respuesta dominante entre quienes siguen el mercado a diario es incómoda: mientras alguien pague, no baja.
¿Cuánto cuesta un piso en las zonas tensionadas?
Los casos que se cruzan en la conversación no son de lujo. Un piso de
104 metros cuadrados en un barrio obrero se ofrece por 600.000 euros. La promoción de Getafe, 47 metros útiles, 260.000 más impuestos, equivale a unos 6.000 euros el metro cuadrado. Y en Alhaurín de la Torre, Málaga, un pareado se ha cerrado por 355.000 limpios para el vendedor: el comprador paga unos
380.000 con reforma incluida, unos 400.000 en total, y si suma los intereses de la hipoteca la factura se le irá a 550.000.
Ahí está el detalle que rompe el relato de la moderación. El comprador no está comprando una casa, está firmando una hipoteca de por vida por un inmueble que en otra época se pagaba en quince años. La venta se cerró en menos de veinticuatro horas, sin apenas negociación, según el relato del propio vendedor.
La oferta se evapora antes que los precios
En Zaragoza capital el stock en venta ha caído en picado: de más de 4.000 inmuebles hace dos o tres años a
2.315 hace tres semanas y 2.187 en el último recuento. A ese ritmo, el diagnóstico que se repite es que quedará lo invendible, la segunda mano que salga con cuentagotas y una obra nueva a precios prohibitivos.
Aquí el análisis se parte en dos. Hay quien lee esa escasez como el mejor argumento para que los precios no cedan: menos oferta, misma demanda, misma presión al alza. Y hay quien ve lo contrario, un mercado que se está secando por arriba, con vendedores que retiran el cartel antes que rebajar.
¿Quién compra a estos precios?
Es la pregunta que recorre toda la conversación y que nadie responde con seguridad. El caso de Alhaurín lo protagonizó una pareja joven de treinta años, con negocio propio y capacidad de firmar en un día. Fuera de ese perfil, las hipótesis se acumulan:
fondos y sociedades que compran para rentabilizar, capital extranjero que aterriza en la costa, Madrid y Barcelona, y una franja de compradores locales que solo cambia de casa avalando otra vivienda.
El alquiler turístico sigue sobrevolando el debate, aunque con matices. En Baleares el contrato mínimo se ha llevado a un mes y el alquiler por días exige licencia turística, una restricción que no ha vaciado el mercado: quedan los alquileres mensuales de trabajadores en remoto.
Más habitantes, menos gente por casa: el argumento demográfico
España ha superado por primera vez los
49 millones de habitantes y la previsión que se maneja apunta a 50 millones a finales de 2026 y a un rango de 53 a 55 millones dentro de quince o veinte años. En paralelo, el tamaño del hogar cae: de 2,5 personas por vivienda hacia menos de dos.
La lectura contraria también tiene números. El país envejece, la mortalidad liberará vivienda y dentro de dos décadas habrá más casas que compradores. El problema, admiten incluso quienes sostienen esa tesis, es el calendario: quince o veinte años son muchos años de alquiler.
El análisis se atasca exactamente ahí. El stock se hunde, los precios no ceden, los tipos financian y nadie identifica con nombre y apellidos al comprador que paga 600.000 euros por 104 metros en un barrio obrero. Unos esperan el petardazo. Otros, simplemente, esperan a tener dinero.