Guinea Ecuatorial: el espejismo de la antigua colonia española
Guinea Ecuatorial fue, en el momento de su independencia, el país con mayor renta per cápita de África y una tasa de alfabetización del 89%, superior a la de Sudáfrica. Cuatro décadas después, es un ejemplo de cómo el expolio político puede arruinar cualquier ventaja inicial.
El legado colonial español: ¿éxito o fracaso?
España no se tomó en serio el territorio hasta bien entrado el siglo XX. De hecho, hubo intentos de venderlo a Inglaterra, pero la presión popular lo impidió. El verdadero despegue llegó bajo Franco, que, temiendo una guerra de guerrillas como en el Rif o el desangre de Argelia, impulsó el desarrollo. Sin embargo, la independencia, gestionada por el ministro Castiella, fue un desastre. El país pasó de ser una colonia modélica en indicadores sociales a caer en manos de una dictadura familiar.
El régimen de Obiang: petróleo, corrupción y miseria
Hoy, Guinea Ecuatorial es considerado el país más corrupto del mundo. La familia Obiang acumula propiedades en todo el planeta mientras la población sobrevive con salarios de 120 euros al mes. El alquiler de un piso de lujo cuesta 70 euros, una cifra que revela la desigualdad extrema. La represión política es feroz: quien critica al régimen acaba detenido y golpeado. La riqueza petrolera no ha llegado a la mayoría.
La diáspora guineana en España
A diferencia de otras antiguas colonias, la emigración guineana a España ha sido reducida. Quienes han llegado se han integrado plenamente, hablan un español perfecto y han creado familias consideradas españolas de pleno derecho. Es un contraste con la imagen que se proyecta desde el régimen.
Con el líder Obiang acumulando propiedades en todo el mundo y la población subsistiendo con 120 euros al mes, la pregunta no es por qué no vienen más guineanos, sino cómo sobreviven los que se quedan. El país sigue siendo una asignatura pendiente que España nunca supo gestionar, ni como colonia ni como socio.