Agua, linterna y radio con pilas: el kit de la OTAN para 36 horas
¿Cuánta agua, cuántas pilas y qué tipo de radio hacen falta para atravesar las primeras 36 horas de una emergencia? La respuesta la dio, según el mensaje difundido en redes sociales, el presidente del Comité Militar de la
OTAN: agua, linternas y una radio a pilas. «No digo que mañana vaya a ir mal, pero...», añade, y ahí deja la frase sin cerrar. El aviso se sitúa en el contexto de la guerra de Ucrania y llega con etiqueta de consejo oficial, lo que ya basta para que media conversación lo mire de reojo. Lo primero que chirría es la cifra:
36 horas. Ni 24, ni 72. Un plazo raro.
Qué recomienda la OTAN para las primeras 36 horas
Tres objetos. Nada de pastillas de yodo, nada de armas, nada de generadores.
Agua, linternas y radio con pilas, suficientes, según el mensaje, para «asegurarte de sobrevivir las primeras 36 horas». El resto de la frase queda en el aire, con un «no digo que mañana vaya a ir mal, pero» que hace todo el trabajo sucio: no anuncia nada y aun así invita a prepararse.
Ahí está el detalle. La recomendación no dice cuándo, ni dónde, ni contra qué. Es un consejo elástico, válido igual para una inundación, un apagón o algo bastante peor, y por eso mismo admite cualquier lectura. Quien quiera ver una advertencia militar la verá; quien quiera ver rutina de protección civil, también.
La mochila de 72 horas que ya duerme junto a la puerta
Para una parte del público, el aviso llega tarde y corto. Hay quien asegura tener desde hace años una
mochila de 72 horas en un armario al lado de la puerta, y quien recuerda que el equipo de verdad incluye yodo, latas de conserva, agua potabilizada y hasta un pequeño gimnasio de sótano. El argumento de fondo es viejo: mejor tenerlo y no usarlo que al contrario.
La objeción es igual de simple. Si la cosa va de sobrevivir tres días, no hace falta prácticamente nada, ni agua. Y si va de aguantar meses o años,
tres litros y veinte pilas no resuelven nada. Con ese criterio, alguien sostiene poder pasar un mes en casa sin luz ni agua corriente, con reservas para bastante más tiempo, aunque admite una salida incómoda: en una gran ciudad, si al cabo de una semana no se ha repuesto el suministro, más vale salir pitando.
¿Por qué la radio con pilas es el objeto más discutido?
De los tres artículos del kit, el que más recelos levanta no es el agua. Es la radio. Buena parte del público la ve como el altavoz del relato oficial y da por hecho que, en una crisis, lo que saldría por el aparato serían órdenes de quedarse en casa. La sospecha de que se corta internet para que solo quede una emisora funcionando aparece más de una vez, junto a la tentación de
pirarse al monte y no escuchar nada.
En el otro lado hay un uso mucho más prosaico. La radio sirve para saber qué zonas de la ciudad conviene evitar y, sobre todo, si van a repartir comida y en qué punto. Como botón de muestra se recomienda ver el documental
20 días en Mariúpol, rodado por periodistas ucranianos atrapados en la ciudad: al tercer día no funcionaba nada, ni electricidad, ni teléfonos, ni internet, los hospitales estaban colapsados y solo quedaba una emisora militar emitiendo sin parar.
Yodo, latas y placas solares: el kit que cada uno se monta
El inventario particular se completa con pastillas de yodo, latas de conserva y un detalle que casi nadie menciona:
la medicación. Para cargar móviles y dispositivos pequeños, hay quien apunta a placas solares baratas de compra online. Y para lo esencial, una predicción más divertida que seria: el papel higiénico y el café como moneda de cambio del futuro, a cuenta de aquel acopio masivo que resultó ser una falsedad.
La lista funciona también como guiño. Si uno puede almorzarse una pila de petaca, la linterna da igual.
Ucrania y el peso de las primeras horas
Hay una lectura del aviso que lo conecta con lo ocurrido en el frente. Se sostiene que el avance inicial ruso por tres ejes se frenó en seco y derivó en una tormenta de fuego contra la infraestructura de comunicaciones, hasta el punto de que un único servidor en Polonia canalizaba pedidos y los reenviaba. Mientras, milicias civiles sembraban el caos y las fuerzas regulares se replegaban para contraatacar. De ahí el énfasis en las primeras horas: son las que deciden si algo sigue en pie.
Cuestión distinta es que ese consejo venga de quien, en teoría, tiene que protegerte. El mensaje de fondo —autonomía doméstica durante día y medio— se lee también como un aviso sobre el nivel real de respuesta pública.
Lo que nadie aclara
Al final, el kit de la OTAN se queda en el mismo nivel que el cartel de «en caso de incendio, permanezca en su interior». Da algo que hacer, tranquiliza a quien ya tenía la mochila lista y no cambia nada para quien no piensa apagar la consola por tres días de linterna.