Festejos y toros salen más caros que la prevención de incendios
Mientras los pueblos quemados siguen en el centro de la controversia, los presupuestos municipales vuelven a señalar lo de siempre: las fiestas y las corridas de toros se llevan decenas de miles de euros, y la prevención de incendios se queda con las sobras. Después, cuando llega el fuego, el mismo ayuntamiento que recortó en desbroce llama al Estado a través de la UME. Muchos vecinos lo resumen sin ambages: los responsables solo aparecen para repartir el dinero, no para rendir cuentas.
La ley de bases de régimen local matiza el asunto: la competencia contra el fuego se reparte según el tamaño del municipio. No todos los pueblos tienen la obligación de mantener un servicio de extinción; en los pequeños, esa responsabilidad cae en la diputación. Eso no absuelve a nadie, pero explica por qué algunos ayuntamientos cargan contra el «papá Estado» cuando arde el monte.
El mismo intercambio saca a relucir cifras que se prestan a la ironía: mientras se discute si un pueblo gasta en vaquillas, hay partidas multimillonarias en contingencias externas que no generan el mismo escándalo. En la última década, la financiación europea para la contención exterior en Marruecos supera los 846 millones de euros, cantidades que convierten el asunto de los festejos en una anécdota.
La frase «hay cosas que ocurren y no necesariamente tiene que haber una responsabilidad» ha pasado a resumir el relato oficial, y la respuesta ciudadana no se ha hecho esperar: la culpa es de los votantes por no pedir cuentas. Quienes defienden los toros, por su parte, sostienen que no son deficitarios porque el IVA de las entradas devuelve a las arcas lo invertido, algo que no pueden decir otros «chiringuitos».
La conclusión, por ahora, es que el equilibrio entre gasto festivo y prevención seguirá pendiente. Hasta que el fuego no vuelva a llamar a la puerta de un ayuntamiento, los presupuestos seguirán mirando para otro lado. Y si no, al tiempo.