Reformas domésticas: el coste de lo básico se dispara
El precio de las reformas domésticas ha alcanzado cifras que dejan helado a cualquiera. Cambiar una bañera por un plato de ducha con mampara y renovar la fontanería: 13.000 euros. Sin alicatado, solo vinilos. Preparar una solera de 32 m² y levantar tres paredes de bloque: 10.000 euros. Son ejemplos reales que circulan entre particulares y que dibujan un panorama donde lo que antes era una obra menor se ha convertido en un desembolso considerable.
Detrás de estas cifras hay una tormenta perfecta. La demanda de reformas sigue alta, pero la oferta de profesionales se ha reducido drásticamente. Varios autónomos del sector confirman que ya ni siquiera hacen presupuestos nuevos porque no tienen tiempo para atender a los clientes de siempre. La falta de mano de obra se agrava por el envejecimiento del gremio y la escasa incorporación de jóvenes dispuestos a trabajar en condiciones duras por una remuneración que, tras impuestos, no resulta tan atractiva.
Y los impuestos son otro factor clave. Se estima que entre el 35% y el 45% del presupuesto final de una obra acaba en manos del Estado. IRPF, IVA, cotizaciones… todo se traslada al precio final. A eso se suma el encarecimiento de los materiales por la subida de la energía, que algunos calculan que podría duplicar o triplicar los costes de los insumos.
El resultado es una subida generalizada que hace que reformar una vivienda media pueda superar los 60.000 euros. ¿Merece la pena? Depende de si uno está dispuesto a meter mano o a esperar unos años a que, quizás, vuelvan las cuadrillas que antes mantenían los precios a raya.