Arday, el profesor símbolo de Cambridge, cae por plagio
Jason Arday era la joya de la corona de las políticas de inclusión en Cambridge: el profesor negro más joven de su historia, un ejemplo de superación del autismo y la pobreza. Ahora, según las informaciones publicadas, se enfrenta a un escándalo por presunto plagio en su tesis doctoral y ya no ocupa su cargo. Los paralelismos con el caso Milli Vanilli —vender como propio el trabajo de otros— no han tardado en aparecer.
Las acusaciones apuntan a que su tesis habría reproducido sin atribución el trabajo de una estudiante holandesa. Tampoco se libra la metodología: entrevistas sin profundidad y conclusiones sesgadas, lejos de las técnicas investigativas que se exigen en un doctorado. En el mundo académico anglosajón, el debate ha dejado de ser académico: hasta qué punto la diversidad se impone sobre el mérito.
La respuesta oficial no calma. Cambridge asegura que investigó las sospechas y las niega; un grupo de profesores de élite, entre ellos Simon Baron-Cohen, director del centro de investigación del autismo de Cambridge, ha distribuido una carta abierta urgente contra el racismo en apoyo al investigador. Sus defensores hablan de ataque racista; sus críticos, de años de protección a un académico sin nivel.
Quedan detalles que alimentan el escepticismo. La biografía que convirtió a Arday en símbolo —no aprendió a leer hasta los 10 o 12 años, hazañas atléticas inverosímiles— es puesta en duda por varios análisis. Algunos testimonios de estudiantes sostienen que llevaban una década denunciando supuesta incompetencia y que las notas bajaban tras protestar. La universidad, que lo blindó como víctima de racismo, se enfrenta ahora a una pregunta incómoda: ¿símbolo o fraude? El caso sigue sin cerrarse ni en los tribunales ni en la opinión pública.