Propofest: las fiestas de médicos argentinos con anestésicos robados de hospitales
El pasado Viernes Santo, el enfermero Eduardo Betancourt, de 44 años, fue hallado muerto en su casa de Buenos Aires rodeado de potentes anestésicos como fentanilo y propofol, junto a jeringuillas y guantes de látex. Seis semanas antes, a pocas calles, el anestesiólogo Alejandro Zalazar, de 30 años, había aparecido sin vida en circunstancias idénticas. Ambos eran sanitarios; ambos eran víctimas de una red que sustraía fármacos de hospitales para organizar fiestas privadas donde se inyectaban estas sustancias con fines sexuales y de "relajación extrema". La prensa argentina ha bautizado el fenómeno como 'Propofest', y la investigación apunta a una trama de chemsex que ha costado ya dos vidas.
Una red de fiestas sexuales con drogas hospitalarias
La policía argentina ha desmantelado una red que operaba en el ámbito sanitario: médicos y enfermeros sustraían anestésicos como el propofol y el fentanilo de los hospitales para usarlos en reuniones privadas. Según las primeras pesquisas, en esas fiestas se inducía un estado de "relajación extrema" que facilitaba prácticas sexuales, con un altísimo riesgo de sobredosis. El término 'chemsex' no tardó en aparecer en las conversaciones: no es new que en el colectivo médico, con acceso privilegiado a fármacos, se hayan dado casos de abuso y adicción. El paralelismo con España es inmediato: el anestesiólogo Juan Maeso, que infectó a cientos de pacientes con hepatitis C en los 90, o el doctor del Hospital Puerta de Hierro que falleció años atrás en circunstancias similares. La muerte por propofol de Michael Jackson en 2009 es otro recordatorio de lo letal que resulta este cóctel fuera de un quirófano.
¿Por qué ahora Argentina?
El debate ha trascendido lo meramente policial. Algunos observadores señalan que la desregulación y el liberalismo social fomentan conductas extremas; otros, más pragmáticos, apuntan a la falta de controles en los hospitales y a la facilidad con la que se desvían medicamentos de uso restringido. En el hilo de discusión, un sector ironiza con que "mientras hacen esto no están eutanasiando jóvenes ni sacrificando viejos", mientras otro recuerda que el problema no es nuevo: en el Materno Infantil de Badajoz también desaparecía fentanilo el año pasado. Lo cierto es que la red de Propofest ha destapado una realidad incómoda: el acceso a fármacos letales convierte a algunos sanitarios en adictos de alto riesgo.
Pero la pregunta que queda en el aire es hasta qué punto estos casos son la punta del iceberg. Si en Argentina se han cobrado dos vidas en pocas semanas, ¿cuántos más están ocurriendo en silencio? El dato no miente, pero el silencio institucional y la falta de controles permiten que sigan proliferando fiestas donde el límite entre la sedación y la muerte es cuestión de microgramos.
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