Sánchez felicita a Marruecos mientras Ceuta digiere la entrada de menores
El 1 de agosto de 2026, Pedro Sánchez visitaba Ceuta. El presidente se felicitó por las «relaciones fluidas» con Rabat y agradeció la cooperación de las autoridades marroquíes. El mismo día, la ciudad encajaba una entrada masiva de menores no acompañados. Teodoro León-Gross lo retrató en ABC con una idea incómoda: la de un presidente español atrapado por Marruecos al que esta vez le va a costar inventarse un relato ganador.
La columna no discute la voluntad de diálogo; discute el reparto de responsabilidades. Las preguntas clave sobre la entrada de menores se responden en Rabat, no en Moncloa. El Gobierno, en cambio, se parapetó en la referencia inconcreta a las mafias y sacó pecho contra un político populista italiano. Con Marruecos, silencio.
El marco geopolítico que Moncloa prefiere no mirar
En la comunicación oficial se repite el esquema: operación exitosa, respuesta en 24 horas, expulsión de casi todos, barreras flotantes. El problema es que esa narrativa no resiste la geopolítica. Hay quien sostiene que la renuncia a una posición clara sobre el Sáhara Occidental dejó a España sin margen frente a Rabat. Otros recuerdan que Netanyahu ya advirtió a Sánchez y que Israel y Marruecos se llevan hoy de maravilla. La presión migratoria, en este contexto, no sería un accidente, sino un instrumento.
Lo más descolocante no es que Marruecos presione. Es que la respuesta oficial siga agradeciendo la cooperación al mismo socio que, según la crónica, organiza la presión. Con ese guion, el relato ganador necesita algo más que un telediario.