Ceuta, el ejército marroquí y el fantasma de los franquistas
Un mensaje contundente recorre desde hace menos de 24 horas los espacios de opinión digitales: “El Ejército de Marruecos tiene que entrar en Ceuta a mandar a los franquistas a la Península”. Dádiva de fondo o simple provocación, la frase ha reabierto una costura que España no termina de soldar: la reivindicación marroquí sobre las dos ciudades autónomas y el vocabulario de la memoria histórica aplicado a la geografía.
La reacción mayoritaria ha sido la de quien ve un trolleo con aspecto de bot. Menos ruido, más reflejo técnico: ignorar y pasar página. Pero no todo el mundo lo despachó con un desdeño. Hay quien contestó con otra vuelta de tuerca: “Los ceutíes son los verdaderos invasores”. Y hay quien lleva el argumento al terreno demográfico: la mayoría de habitantes carece de ocho apellidos castellanos, con lo que la ciudad “ya ha caído” sin necesidad de un ejército.
El argumento demográfico como munición política
Esa última línea es la más delicada y la que más está circulando en círculos identitarios. Traducida a prosa: la españolidad de Ceuta no dependería de la ley ni del sentimiento de pertenencia, sino de un patrón étnico de apellidos. Es un razonamiento peligroso, porque convierte la convivencia real de la ciudad —donde se mezclan confesiones, lenguas y orígenes— en un problema de “invasión silenciosa”. No hace falta subrayar que esa lectura choca con la realidad administrativa, pero alimenta el relato del asedio que tanto rédito ha dado en algunas esquinas de la política española.
Más ruido que sustancia
Al final, la conversación se cerró como empezó: con la mayor parte del auditorio negándose a dar carnaza al provocador. El episodio deja una lección incómoda: aunque la consigna sea de pésima factura, ya ha contaminado la conversación pública. En tiempos de polarización, el ruido no necesita ser real para tener efecto. Ceuta vuelve a servir de campo de pruebas para mensajes que, de puro exagerados, acaban normalizándose.